.20

379 40 16
                                        

Ha pasado tal vez más de una semana desde que me sentí completamente rota, como si cada parte de mí estuviera destinada a desmoronarse. Pero ahora, las cosas están... diferentes. ¿Mejor? Sí, podría decirse. Quizá no perfecto, pero al menos no me siento atrapada en el mismo agujero oscuro de antes.

He salido casi a diario con mis amiguitas. Ellas son mi refugio, mi escape. Y Alan... Alan se ha convertido en mi mejor amigo. Es como el hermano que nunca tuve, alguien en quien puedo confiar sin temor a ser juzgada. Hemos pasado tardes enteras caminando, comprando helados, hablando de cualquier tontería que nos haga reír. A veces grabamos videos o tomamos fotos solo porque sí, y me doy cuenta de lo valioso que es tener a alguien que te haga sentir acompañada en los días más grises.

Lo mejor de todo es que mi papá no ha vuelto a aparecer. No sé qué hizo Fede, pero sea lo que sea, funcionó. Ahora estamos tranquilos en casa, disfrutando de la compañía mutua como una familia real. Ian y Parce se la pasan haciendo bromas, y Fede es, bueno, Fede. Aunque se burla de todos, siempre está pendiente de que yo esté bien.

Aun así, no puedo evitar extrañarlo. Lukas sigue ocupando cada rincón de mi mente. Sus risas, su forma de mirarme, cómo solía decir mi nombre. Las gerberas que me regaló todavía están en mi cuarto. Ya están marchitas, los pétalos secos y quebradizos, pero no puedo tirarlas. No quiero. Siento que hacerlo sería como traicionarlo, como si estuviera abandonando todo lo que fuimos.

Hay tantas cosas que me recuerdan a él. Mi fyp de TikTok está lleno de edits de videos de nosotros dos con canciones tristes. Cada que veo algo de Spiderman lo veo a él. The Neighbourhood suena más melancólico que nunca, y todo me hace pensar en él. Lo peor es que, en unos días, saldrá Lambo, la primera canción de su boyband. Solo imaginarlo me llena de orgullo y de tristeza al mismo tiempo.

No sé si debería escucharla, pero también quiero estar ahí, apoyándolo en silencio, aunque él no lo sepa. Porque, aunque no estemos juntos, él nunca va a dejar de ser importante para mi.

Estaba perdida en mis pensamientos, como siempre, atrapada entre lo que fue y lo que podría ser. Mis dedos jugaban con la etiqueta de la botella de agua, girándola una y otra vez mientras miraba al frente. Todo me recordaba a Lukas, y ni siquiera me daba cuenta de que el tiempo seguía avanzando hasta que una botella vacía de Prime voló hacia mí y me golpeó en la pierna.

-HIJO DE LA VERGA -grité, sorprendida, mientras me giraba hacia Ian.

-Ya vámonos, se nos va a hacer tarde boluda -dijo él, con una sonrisa traviesa en su cara.

Solté una risa, sacudiendo la cabeza mientras me levantaba del sofá.

-Ya estoy lista, el que no se apura eres tú, ¿eh? -le respondí, señalando con el pulgar hacia él.

Ian, como siempre, me lanzó una mirada de fastidio fingido y puso los ojos en blanco.

-Vámonos, porque si no, la sorpresa no va a ser sorpresa -dijo, haciendo un gesto con la mano, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

-Ay, sí, ya -le dije mientras me amarraba las agujetas de mis converse y tomaba mi bolso. Corrí hacia la puerta, sintiendo que me adelantaba para no perder la oportunidad de hacer que las cosas fueran interesantes. Ian siempre estaba un paso adelante, pero esta vez no lo iba a dejar ganar tan fácil.

Nos subimos al carro, Ian al volante, y en el camino nos dirigimos al aeropuerto para recoger a Fede. Estaba emocionada, pero también un poco nerviosa. Fede había estado en Estados Unidos por unos días, grabando algunos videos con Mr. Beast, y todos estábamos ansiosos por verlo. Parce no iría, porque estaba en Colombia, trabajando en su música allá, pero nosotros íbamos a sorprender a Fede, y no podía esperar a ver su reacción.

Aún sigo aqui - Lukas Urkijo #2 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora