XVII.EL PLAN DE LA HARPIA

14 1 6
                                        

Serafín junto con otros sobrevivientes del maremoto habían sido llevados a lo alto de las montañas en Perla del Norte, todos habían sido arrojados a un extraño lugar, era como un enorme nido semiesférico por dentro con una depresión profunda. Al caer dentro Serafín rodó sobre lo que parecían troncos de árboles unidos con barro.

Serafín rodó entre la multitud, por un momento pensó que había sido lanzada a las fauces del infierno debido a los lamentos de las personas a su alrededor. Poniéndose en pie con mucha dificultad, observó a su alrededor, estaban en un lugar grande y circular, parecía ser un bosque envuelto en murallas naturales.

Una anciana se aferró a los pies de Serafín pidiéndole ayuda, al volverla a ver y extenderle las manos contempló con horror como la anciana tenía la piel de su mejilla desprendida de su cara, en un impulso de repulsión Serafín la soltó y tropezó cayendo al suelo. Las personas a su alrededor rogaban por ayuda y lloraban con desesperación. Había niños, adolescentes, adultos, ancianos, quizás eran más de 50 personas reunidas en desesperanza.

Serafín se puso en pie nuevamente, sus brazos dolían por la caída al igual que su espalda, los gritos a su alrededor estaban llenando su cabeza de desamparo, no conocía a ninguno y casi parecía que entre todos ella era la única que no estaba mal herida.

Al volver su mirada a la distancia, pegado a la pared como muralla que rodeaba el lugar, estaba Alan retorciéndose en el suelo. Serafín corrió hasta él, estaba tan feliz de verlo, sintió un enorme alivio al saber que Alan seguía con ella acompañándola en esos momentos de desconcierto.

- ¡Alan! ¿Estás bien? ¿Le duele algo? -Le preguntó agachándose junto a él.

El hombre se retorcía como gusano fuera de la tierra gimiendo con agonía -NO ME MUEVAS, ME DUELE, ME DUELE, ME DUELE MUCHO, NO ME TOQUES, ME DUELE, LA ESPALDA, ME DUELE. Gritaba.

Serafín buscó ayuda a su alrededor, pero no importaba donde viera parecía ser que había alguien en peores condiciones que él.

-Ayuda por favor – Susurró Serafín angustiada.

Antes que la joven rompiera en llanto, escuchó la voz de Jason que se acercaba a ellos. Estaban juntos, Serafín lo recibió con un fuerte abrazo.

-Ayúdalo por favor, pero no lo muevas, creo que se rompió la espalda.

Jason no hizo caso a las palabras de la joven y decidió mover el cuerpo de Alan colocándolo sobre el costado. Alan dio agobiantes alaridos.

-Sostenlo fuerte, que no se voltee, confía en mí yo sé lo que hago. -Jason pasó las manos sobre la columna de Alan, centrando su atención intentando identificar donde se encontraba dicho mal, Jason hizo brillar la pupila de sus ojos y luego con un movimiento de los dedos hizo tronar la espalda de Alan.

Alan dejó de lamentarse, sus quejidos fueron disminuyendo de a poco, hasta quedarse inmóvil, su cuerpo sudaba frio y sus manos temblaban. Serafín acarició el rostro de Alan intentando consolarlo.

El pánico en las voces de los sobrevivientes se intensificó al ver descender desde el cielo lo que parecían ser enormes águilas graznando en altos tonos. Al sobrevolar el alrededor el aleteo de sus alas levantaba en el aire hojas y ramas secas. Una por una se fueron posando sobre grandes troncos frente a los cuerpos de los sobrevivientes.

- ¿Qué son esas cosas? -Preguntó Jason con desagrado.

Serafín las observó bien, no podía creer lo que sus ojos veían, era una imagen imposible, era algo que solo había leído en libros de mitología antigua basada en lugares del viejo mundo, no de este.

PoseídosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora