22

98 11 6
                                        











Se viene un poco de dramita.....













Nikolás miró incrédulo a la pareja.

— ¿Desfachatez? — cuestionó Nikolás alzando las cejas — ¿Cómo se atreven a poner un pié en la entrada de mi casa? Pedazos de mierda desubicadas.

Los Omegas lo miraron al mismo tiempo con arrogancia. Nikolás siempre odió esa capacidad de lucir cómo jueces en todo momento.

— ¿Quién era mamá? — preguntó Jason llegando, guardando su celular en su bolsillo trasero. Nikolás no volteó, sólo estiró su brazo, tapando la salida para que a su hijo no se le ocurra salir de la casa.

— Nadie, vé con tus hermanos. — ordenó.

Los Omegas alzaron la vista tratando de ver bien al chico. Nikolás empujó un poco a Jason para tomar la perilla de la puerta, la cerró, de forma que sólo pueda verse él mismo.

— ¿Tuviste más hijos? — preguntó con disgusto la mujer —. Ó es ese el último que cargabas cuándo viniste a rogarnos... ¿cómo fué que lo nombraste? ¿Joel? Tiene unos 15 años. ¿Verdad?

— Joel tiene 19 años y ¡sorpresa! Si no te importan tus nietos por 18 años es normal que no sepas cómo lucen. — Nikolás usó ese tono sarcástico que sus padres siempre habían odiado —. Lárguense de mi casa si no quieren que pida un patrullero, parásitos chupa vidas.

La pareja no se movió.

— Creí ser claro.

Jason se apartó, volviendo a la sala.

— No hemos terminado de hablar, Omega.

— No puedes llamarme así. No te lo permito. — Nikolás lo rebajó con la mirada —. Retírense de mi domicilio señores Caballero, antes de que pierda la paciencia.

El Omega quiso cerrar la puerta y la punta del zapato de su madre se interpuso. Esos tontos zapatos de cuero, elegantes, que lograban hacer el sonido más odioso y aterrador de todos.

— No he terminado de hablar, Nikolás. — insistió su madre empujando la puerta, tomando la muñeca del ojiverde para apartarlo de la puerta, adentrándose un paso dentro de la casa —. Sé respetuoso y baja la mirada cuándo estoy hablando, Omega.

Nikolás se soltó de un tirón, alejándose del toque de la mujer. Él no los quería devuelta en su vida, había crecido, escapado y no se sentía culpable por ir detrás de sus propios deseos.

— No vuelvas a tocarme, Laura. Porque no voy a dudar en ponerte una denuncia.

La Omega se paró derecha y su compañero dió un paso adelante. Los dos estaban dentro de la casa. Nikolás, dudoso, dió un paso atrás cuándo su padre frunció el ceño, ocultando sus manos detrás de su espalda.

No estaba asustado, eran los gajes de su oficio apartarse cuándo alguien hace un movimiento sospechoso.

— Recuerdo cuándo no conocías a ese Alfa, no eras así de irrespetuoso.

— Fuera. De mi casa.

— ¿Omega?

— ¿Mamá?

Los dos Omegas disimularon el haber pasado saliva al ver a siete Alfas detrás de Nikolás.

Los Barquín salieron de la sala, no reparando en los dos extraños, sino en el hombre ojiverde que estaba inmóvil y oliendo a enojo.

ALATZ II // Adaptación Emiliaco OmegaverseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora