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Emilio entró a su oficina y encendió la luz. Dejó su mochila a un lado para revisar con rapidez los papeles sobre su escritorio, frustrándose al no encontrar enseguida lo que buscaba.

— Que sorpresa, me dijeron que no venías los sábados.

Emilio volteó, se encontró con Federico sosteniendo unos papeles. El Alfa le restó importancia y continuó buscando el papel.

La decisión de dejar pasar el asunto del padre de Alatz fué la mejor, después de todo, ¿Qué probabilidad había que Asthon se fuera a enterar ó que Alatz preguntara al respecto? La duda lo estaba consumiendo y no podía dejar que lo enfermara.

Emilio trataba de callar a su cabeza.

— No vengo, el sábado es de mis hijos. Sin embargo, Marco perdió la copia de una aprobación y vine a buscar la página para pasarle más tarde. Tiene que hacer un trámite importante que es para el lunes.

¿Porqué le daba tantas explicaciones?

— ¿Vienes hasta aquí por un error de tu asistente?

Emilio levantó la hoja que buscaba, leyendo para estar seguro que sea la correcta y volteó a mirar a Federico, ya cansado.

— Marco no es sólo mi asistente. Y te agradecería que no cuestiones lo que hago. Soy tu socio, no tu amigo, Federico.

Federico parpadeó y asintió con calma. Miró la vestimenta de Emilio y levantó una ceja.

— ¿Vas a un partido de futbol?

Emilio se miró a sí mismo. La camiseta del equipo de la escuela, tres franjas horizontales, roja, blanca y negra. El Alfa asintió.

— Mi sobrina juega para su escuela hoy, y estoy llegando tarde. — sonrió el Alfa con falsedad, caminando fuera de su oficina después de apagar la luz.

Federico caminó a su par, para tomar el ascensor. Ambos se subieron. Emilio apretó planta baja, Federico iba al mismo lugar.

— Es lindo que asistas a esos eventos. ¿La hija de uno de tus cuñados?

— ¿Disculpa?

— Pregunto, porque tú no tienes hermanos, ¿no?

— Es la hija del hermano de mi esposo. Es la mejor de su equipo y toda la familia vá a ir a verla ganar.

— Confiados.

— Claro que sí, nuestra familia es la más ruidosa y la que más premios tiene en la repisa, Hayos.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Emilio sintió un peso sobre los hombros al ver a Alatz charlando con la chica de recepción. El Alfa vestía igual que Emilio, pero también tenía los colores de la camiseta pintados en cada mejilla.

— ¡Papá! ¡Estamos llegando tarde! — se quejó Alatz caminando hasta él.

Emilio bufó, le había dicho mil veces que no podía levantar la voz de esa forma en el edificio, pero la educación que le dieron sus padres con respecto a su lugar en la empresa no ayudaba.

Tenía que sacarlo para evitar preguntas.

— Ya estoy aquí, no tienes que gritarme, cachorro.

— Prometí estar temprano. — puchereó y se cruzó de brazos. Alatz ni siquiera había notado a Federico.

— Sí, sí. Avanza, estamos aquí parados porque no aún no vuelves al auto, cachorro.

Alatz pareció darse cuenta de ello y corrió fuera. Emilio rió y antes de poder ir detrás de él una voz lo detuvo.

ALATZ II // Adaptación Emiliaco OmegaverseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora