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Alatz caminó animado hasta estar junto a Aylin, había quedado para encontrarse fuera del salón de música antes de la segunda clase del día. El Alfa la abrazó por atrás, sorprendiéndola. La chica lo miró por encima del hombro con cara de pocos amigos.

— Hey, ¿Qué pasa? — preguntó el Alfa separándose. Aylin volteó para quedar cara a cara.

— Ayer dejaste de responderme en todo el día y hoy me das los buenos días cómo si nada hubiera pasado. — se quejó la chica e hizo un puchero.

Alatz le sonríe, se inclina para dejarle un beso en la frente.

— Lo lamento, fué un día familiar, no era fácil tomar el celular. — explicó —. Me gustaría compensarte de alguna forma, podemos pasar toda la tarde de mañana juntos. ¿Qué te parece?

Aylin suavizó su mirada.

— ¿Mañana?, ¿Porqué no hoy?

Alatz negó, acomodando la correa de su mochila en su hombro.

— Hoy no puedo, voy a casa de Jerry con Yamilet, tenemos que entregar un avance del proyecto de psicología para mañana. — se encogió de hombros —. Sólo vamos a estar nosotros y será mucho más tranquilo. Pero hoy más tarde estaré libre para que puedas llamarme, cómo ayer.

Aylin levantó levemente una ceja, ignorando lo último.

— ¿Van a su casa cuándo no hay ningún adulto presente? —preguntó sonando confundida.

— Sí. Nunca dimos razones para no poder hacerlo. De hecho, lo hacemos mucho. — comentó Alatz risueño sin notar cómo Aylin mordía su lengua para no decir nada imprudente —. Jerry casi siempre se quedá sólo en casa por las noches, su familia suele trabajar ese turno. Vamos seguido a hacerle compañía. A veces sólo Yamilet, a veces sólo yo. — Alatz suspiró —. Y cuándo sólo es para hacer tarea, mi mamá nos pasa a buscar a Yamilet y a mí por casa de Jerry.

Aylin sonrió cuándo el Alfa fijó su vista en ella.

— Que lindos. — murmuró —. Y... Cuéntame más de ese día en familia. ¿Cómo te fué? — cambió de tema la Omega abrazando el brazo de Alatz y caminando a su salón.

La pura vedad es que a Aylin no le interesaba ni un poco lo que el Alfa le contaba, pero aprovechó la cercanía, sabía que un poco de su aroma quedaría en su ropa. Tendría que apresurarse si quería ganarse el lugar que otros ocupaban.













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Emilio tecleaba con rapidez, redactando el contrato que le sería entregado a unos nuevos inversionistas, cuándo el timbre del interlocutor sonó.

— Abrir comunicación. — dijo Emilio sin dejar de teclear y el aparato pitó —. ¿Qué pasa, mi?

— Lamento molestarte, Emilio. El señor McGregor está aquí.

ALATZ II // Adaptación Emiliaco OmegaverseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora