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De alguna manera, se siente cómo si nada hubiese cambiado. Ahora mismo, mi corazón está latiendo de la misma manera.
...












Joaquín se armó de valor y entró al local. Saludó con amabilidad a la muchacha detrás del mostrador, le dejó un encargo antes de indicarle dónde estaría sentado.

Joaquín se sintió incómodo mientras caminaba a la mesa. El lugar dónde ese hombre lo esperaba ansioso, sin despegar la vista de él.

— Buenos días. — saludó Joaquín, tomando asiento frente al Omega.

— Si viniste... No puedo creerlo.

— Te dije que vendría. ¿No? — cuestionó Joaquín.

Se convenció a sí mismo de que no podía verse relajado, mucho menos débil.

El silencio se extendió entre ambos. Joaquín podía observar el ámbar en los ojos caídos del Omega, no era su ámbar, eran mucho más claros.

— Lo primero en la lista es que necesitas aprender sobre límites si quieres que ésto se repita. — Joaquín retomó la conversación, sacando su celular de su bolsillo y poniéndolo sobre la mesa —. No tienes idea de cómo me hace sentir tu presencia, y si te apareces así, podría tener una crisis.

— Cachorro, lo-

— Lo segundo será que no vuelvas a llamarme tu cachorro. —dijo Joaquín, sin dejarlo continuar —. Yo tengo una madre, no nos confundamos.

El Omega frente a él hizo una mueca. Joaquín notó cómo su ceño se fruncía un segundo, pero al instante suspiró, relajándolo.

¿Qué pretendía? ¿Qué sería así de fácil?

Joaquín estaba caminando a ciegas en ésta situación. ¿Debería estar llorando ó algo? Demostrando que ésto era importante... Una incontable cantidad de sus lágrimas tenían grabado el nombre de esa persona, ¿porqué ahora mismo no podía mostrárselas?

— No creí que te molestaría tanto. Lo lamento.

— No creas cosas de mí, por favor. — suspiró Joaquín, y peinó su cabello hacía atrás —. No quiero escuchar tus buenas intenciones, Uberto.

Uberto asintió, apretando sus labios.

Una chica llegó con la orden de Joaquín, y el Omega le agradeció. Joaquín bebió del vaso con jugo de naranja que había ordenado.

— Yo voy a decidir cuándo podrás conocer a mis cachorros, si es que algún día quiero que lo hagas... — dijo Joaquín antes de relamer sus labios. Uberto miró a otro lado, rascando un poco su nuca.

— Tengo muchas cosas que explicarte... — murmuró Uberto—. Sé que no fuí una buena madre...

— No fuiste una madre, de hecho.

— Sé que no fuí una madre... — se corrigió —. Me encantaría que escuches mi lado de las cosas, ¿qué puedas entenderme? Era joven y estúpido, no debí irme así de casa, pero necesitaba cambiar de aire.

Joaquín soltó una risita sarcástica, respiró con frustración.

— ¿Podrías haber pensado en eso antes de marcar a una Alfa y tener un cachorro con ella? — cuestionó el Omega menor —. Después de todos éstos años... ¿Lo único que tienes para decirme es: «necesitaba cambiar de aire, Joaquín »?

ALATZ II // Adaptación Emiliaco OmegaverseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora