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POV Gian.

No me entiendo, realmente no me entiendo. Soy un reverendo boludo.

Hace nada estaba haciéndome el superado, diciéndole a Cami que ella puede estar o hacer lo que quiera y ahora me quiero cortar las bolas. Ver como le coqueteaban me estaba volviendo loco. Realmente entiendo que se le tiren porque es preciosa pero sobretodo es genuina, graciosa, risueña, inteligente, tiene una sonrisa que te vuelve loco y su boca, Dios su boca. Que mujer y que boludo soy yo.

Ahora estoy encerrado en el cubículo del baño, al palo y caliente, con unas ganas de tener sexo con ella. Bueno, realmente de hacerle el amor porque ella para mi es eso, amor; aunque me cueste pronunciarlo y me cague hasta las patas al intentar decirlo.

Salí del baño y caminé hasta la mesa donde se encontraba solo Nicolás, las chicas estaban bailando en la pista mientras sonaba reggaeton viejo.

— Y esa cara? — Le pregunté al verlo ya todo chino por el alcohol.

— Amigo ya estoy medio prendido pero la carucha la tenés vos.

— Y sí Nicky. — Solo pude sentir su mirada de juzgamiento alejarse de mi para ir a la barra mientras yo miraba a Cami moverse al ritmo de la música.

Ella se dio cuenta y me guiño el ojo. Que linda es.

Me iba a volver loco y yo me lo merecía por boludo.

— Si yo aún mirara así a mi ex esposa como vos mirás a tu novia probablemente seguiríamos casados. — Escuché a un señor hablarme y me giré. — Disculpá, soy Andrés, dueño del bar.

— Gianfranco, un gusto. No es mi novia, es mi mejor amiga. — Andrés me miró negando. — ¿Tanto se me nota?

— Si amigo sino no hubieras ido a interrumpir al mozo de metro ochenta y algo cuando se la intentó levantar. — Ok, alguien me había estado viendo celoso por Cami. — Ella también está hasta las manos por vos.

— Lo sé, soy yo el problema.

— Me recordás a mi 25 años atrás, ponía la misma cara de boludo mirando a Soledad. Mucho tiempo estuve haciéndome el canchero y lo que me costó que me diera bola. ¿Por qué no te animás con ella?

— ¿Vos vas con todos los clientes del bar hablando de sus vidas amorosas? — Pregunté incrédulo, haciéndolo reír.

— No, solo con los que me parecen piola. — Ambos nos reímos. — Sos joven pero no dejés ir la oportunidad de amar por boludeces. La vida es un momento no más. Así que amigo anda a pedir su trago favorito y sorprendela antes de que te ganen. — Se fue palmeándome la espalda y dejándome re calculando un montón de cosas. Es lo más random que me ha pasado en el último tiempo.

— ¿Te cansaste de bailar? — Le pregunté a Cami luego de que se sentó a mi lado y recostó en mi hombro.

— No pero ya estoy estorbando en esas parejitas, estoy de mal tercio y Tommy no puede bailar conmigo. — Dijo riéndose en mi cara.

— Eu y yooo? — La hice reír al decirlo con un tono más agudo. — Mirá que no soy bailarín profesional pero me se mover.

Como por arte del destino sonó mi clásico "toresco". Hoy te veo con un flow violento, pantalón apretao y ese booty marcao. Que dan ganas de comérselo. No le di tiempo a que responda, solo la jale a la pista y comenzamos a bailar.

La pegue lo más que pude a mi cuerpo hasta sentir su respiración en mi cuello. Mata, mata, mata, ella mata el tiempo bailando.

Se giró dándome la espalda y comenzó la tortura. Ella sabía lo que provocaba y yo no era tan fuerte para contenerme. Si, si, yo me pego a tu cuerpo. Matamos el tiempo, yo sé que esta noche nunca terminará.

¡DE CERO! | GiamilaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora