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Extrañar.

Ese era el sentimiento que sentía Gianfranco con el traspaso de los días.

Cuando Camila se fue, él volvió a sumergirse en ese silencio aterrador que lo atravesaba una vez que ingresaba a su departamento.

Algunos meses habían pasado desde que ella se fue de Buenos Aires y él no encontraba paz que lo haga sentir mejor. Le escribió algunos mensajes pero no obtuvo muchas respuestas y acepto que debía darle el espacio necesario para sanar.

Pero aquel día era diferente, luego de casi dos años la volvería a ver aunque ella ni se lo imaginará.

Por trabajo le había tocado ir a Madrid, su último día en esa ciudad coincidió con el 18 de abril, un día antes del cumpleaños de Cami.

Compró un vuelo y fue hasta la ciudad donde vivía la morocha. Había reservado una habitación de hotel cerca de donde vivía ella, siguiendo las indicaciones de Martina, que hace poco la había visitado.

Era de noche y hacía un frio que calaba hasta los huesos, por lo que salió vestido como un pingüino. Avanzó hasta la cafetería donde laburaba ella y sin acercarse mucho se quedó en la vereda de enfrente viéndola.

Su corazón bombeaba más rápido de lo normal pero de la felicidad que le generaba verla porque no importa cuando tiempo haya pasado, la extrañaba.

Faltaban unos minutos para su cumpleaños y vio como cerraba el local en compañía de su compañera de trabajo.

La vio jijearse hasta casi lagrimear y su corazón se estremeció porque al final después de tanto había recuperado un poco esa risa característica en ella.

La vio sacarse el mandil que tenía atado en la cintura y tronar su cuello, poniendo cara de relajación inmediata.

Su reloj marcó 00:00am y envuelto en nervios llamó a su celular.

La vio buscar su celular en uno de los bolsillos de su pantalón y sin mirar la pantalla contestó.

—¿Hola? —respondió ella al otro lado de la línea haciendo que a él se le detenga un poco el corazón—. ¿Hola?

—Feliz cumpleaños negrita —Cami se quedó sin habla, la última vez que charló con él por llamada fue en su cumpleaños anterior.

—Gian —escucharlo le despelucó el cuerpo e hizo que sus mejillas se enrojezcan y tartamudee. Él rio despacito—. Ho-la.

—Que los cumpla feliz, que los cumpla Camilita —habló él casi en susurró. Desde el otro lado de la calle vio como ella se sonreía y colocaba su mano libre cubriendo un poco su cara—. ¿Soy el primero?

—Siempre compitiendo, vos —dijo mientras reía y el asentía—. Pero también siempre sos el primero.

—Me da gusto saberlo —hubo un silencio, que si bien no era incómodo del todo, ninguno sabía como descifrarlo—. Cami, yo...

—Te extraño sabés —dijo ella ganándole de antemano a la confesión que iba hacerle.

—Yo te extraño a vos. No sabés las ganas que tengo de estar celebrando con vos —vio que ella mordía sus uñas y antes de poder terminar de decir que estaba ahí en frente y que quería celebrar con ella. Vio y escuchó como sus compañeros la sorprendían con un pastel y velitas—. Pásala lindo Cami, disfruta mucho tu día.

¡DE CERO! | GiamilaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora