- Cami, dónde tenes los vasos o copas?. - Gritó Gian.
El sushi que había pedido el de ojos rasgados ya había llegado y él alistaba la mesa ratona para comer junto a la morocha.
Cami se había metido al baño aprovechando la demora que la comida tuvo.
- No tengo nada, apenas tengo cama porque ya. - Dijo Cami riendo mientras salía de la habitación con una toalla en la cabeza y su pijama - Disculpá, que salga así. Ya necesitaba bañarme.
- No pasa nada, mejor que estes cómoda. - Dijo Gian mirándola mientras se reía y mordía su labio.
Comieron entre risas, recordando anécdotas del colegio, de los quilombos que armaban.
Ya se habían bajado una botella y media de vino cuando Cami recordó lo que había entre las cosas que encontró en casa de su tía Juli.
- Te acordás del regalo me diste a mis 17? - Le preguntó una Cami risueña.
- Como no me voy acordar del beso que me robaste. - Dijo un Gian canchero mientras reía.
- No boludo. - Dijo Cami mientras lo empujaba un poco. - Me refería a la pulsera. - Le respondió algo roja, risueña y nerviosa.
- Como no me voy acordar, si la tengo siempre conmigo. - Dicho esto Gian alzó la basta de su jean y le mostró la pulsera roja que estaba atada a su tobillo izquierdo.
Ella lo miró ansiosa, sabía que la hora de hablar había llegado.
- Yo, vos, sabes que cuando me fui, yo... - Cami estaba nerviosa.
- No me tenés que decir nada Cami, es más quien debe pedirte perdón soy yo. No supe como ayudarte y me alejé.
Cami le cogió las manos nerviosa, ella se sentía culpable pero había entendido que la decisión que tomó fue la mejor aunque él no lo entendiera.
- Yo no podía quedarme aquí, me estaba matando la ausencia de mi vieja, me estaba matando ver como me estaba quedando sola y por mi culpa; yo no dimensione mi depresión y te estaba arrastrando conmigo. Yo no quería perderte, yo solo quería morirme y que me deje de doler la vida.
Cami no pudo continuar hablando porque sentía que se estaba ahogando, en este punto ambos ya estaban lagrimeando porque la vida les había pasado encima y aunque ahora ambos estaban compartiendo un mismo espacio, habían tenido que perderse muchas cosas del otro y lidiar con sus culpas.
- Tranquila negrita, ya está. Yo estoy aquí. - Gian la abrazó y le dió un beso en la frente.
- No está nada Gian porque en el camino nos alejamos y nada me duele más que eso.
Él sin saber que decir, comenzó acariciarle la espalda, como lo había hecho en ocasiones anteriores; le soplaba la cabeza, estaba asustado de que los ataques de pánico de la morocha vuelvan y no poder lidiar con ellos.
Así se quedaron un largo tiempo, calmando sus respiraciones.
Cami alzó la cabeza y lo miró con los ojos humedecidos, ambos sentían que todo pesaba y que nada, por más que se diga, iba a tener respuesta ahora.
No dejaban de verse mientras ambos pares de ojos se alternaban entre los ojos y labios ajenos.
Ella tomó la delantera y como cediendo espacio le rozó los labios a Gian, despacio, como suplicando un beso.
Él dudoso por lo que iban hacer, intentó decir algo pero las palabras no le salían. Y es que a quien quería mentir hace mucho tiempo el corazón no le latía de tal magnitud, menos al estar a punto de besar a una chica.
Pero el miedo le ganaba, no quería besarla y que nada sea como antes, no quería besarla y que solo sea una noche.
Habían cambiado, habían crecido y le aterraba la idea de no volver a recuperar el vínculo que tenían; de que nada sea igual porque él ya estaba perdido, se había enamorado de ella y nunca se había animado a decírselo.
- Perdóname por haberte dejado sola en este tiempo, por favor. - Le susurró el morocho en forma de súplica.
- Solo bésame. - Dijo Cami sobre la boca del morocho.
Y no hizo falta ninguna palabra más, unieron sus bocas en desespero. Primero con miedo, como si se quemarán y luego con desesperación, con desenfreno pensando en que no sea real lo que estaban viviendo.
Era un beso intenso y hambriento, Gian mordía la boca de Cami mientras la sujetaba de la cara en un intento de que no se aleje de él.
El miedo estaba latente y con ese beso comprobó que la ausencia que sentía en su pecho era el vacío que había dejado ella.
Se quedaban sin aire y volvían a empezar, ninguno quería perderse la boca ajena.
En un intento por sentirse más cerca del otro, Cami se sentó sobre él mientras paseaba sus manos por su cabello.
Sus lenguas ya estaban en una batalla eterna para ver quien tenía el control.
Gian paseaba sus manos por la espalda y trasero de la morocha, pegándose a ella lo más que podía. La morocha en respuesta a ello soltó un leve gemido que encendió aún más el cuerpo de Gian.
Agitados, ansiosos y nerviosos separaron sus bocas, estaban hinchadas, rojas y con ganas de más. Sin embargo pararon en el momento justo, ambos sabían que no era el momento para que ocurra algo más.
- Seguís besando tan bien. - Le dijo Cami a Gian, recuperando el aliento mientras esté besaba su cuello. Él quería quedarse a vivir ahí aunque no lo admitiera por miedo a ser rechazado.
Aquella noche no se dijeron todo pero siguieron compartiendo algún que otro beso. La botella y media de vino había servido para que las palabras fluyeran con más facilidad y para que se animen a volverse a besar como antes lo habían hecho, solo que está vez más conscientes de lo que sentían y de la falta que se habían hecho.
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¡Hola!
Chicas por favor, ayer mirando a Gian y la Occhiato me volví loca. El verídico mejor que sean dos.
Como fan de Casi Ángeles estoy rota de no poder ir mañana al CrisMo Day, así que escuché una de mis canciones favoritas de los Teen y escribí esto.
Escuchen Mirame, Mirate en la versión en vivo.
Con amor, L.
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¡DE CERO! | Giamila
FanfictionSi vuelve a tener sentido que yo vuelva a estar contigo, ya no tendremos que empezar de cero... O si? #Giamila