La ansiedad porque llegué el momento, junto a los nervios de la ocasión que estaba por darse hacía sentir a la pareja algo descolocada. Cada uno con su grupo de amigos se preparaba para la ceremonia que se daría en las playas de Los Cabos, México.
—¿Y si se arrepiente? —Se cuestionó el chico ante sus amigos que lo miraban atento e igual de nerviosos que él.
—Vos me estás jodiendo, vinimos hasta acá y pensás que se va arrepentir —uno de los chicos bufó, mientras terminaba de ponerse el pantalón color caqui que les habían escogido como parte de la vestimenta.
—Dale gordo, no seas pelotudo. ¿Ya tenés los votos? —el novio asintió y busco en el bolsillo de su pantalón él papel que había escrito. Al no encontrarlo se desesperó y volteo todo lo que había alrededor, provocando la risa de los demás.
Eran 7 amigos que habían ido al viaje con los futuros esposos. La planificación de la boda había sido corta, sencilla y algo rápida, ambos estaban seguros que querían algo muy íntimo, es más la idea había salido dos semanas antes del viaje donde una de las chicas del grupo lanzó como idea que hagan la ceremonia en la playa, como ritual de un amor para siempre.
El novio que ya había hecho la ansiada pregunta "Te querés casar conmigo?" unos meses antes, aceptó sin chistar y le propuso a su novia que sería algo para recordar y ella enternecida por la situación aceptó.
El grupo participó en cada decisión para darles a sus amigos un momento único, lo único que fue casi un secreto fue el vestido que usaría la novia. Solo una de sus amigas, la ayudó y guardó el secreto del vestido.
Cuando la novia salió con el vestido puesto, las chicas no pudieron evitar llorar. Se la veía preciosa pero sobre todo radiante, su piel, mirada y semblante, irradiaban una luz que las enorgullecía a todas porque sabían por todo lo que pasó para que hoy en día este así. Feliz.
El vestido era blanco de tiras, con la espalda descubierta. Sencillo, de seda. Su cabello estaba recogido en un rodete bajo, junto a un detalle de flor que le regalo su mejor amiga. En su cuello iba un collar de plata con una piedra color azul de su madre y unos aretes que le hacían juego. El maquillaje fue igual de sencillo y natural para destacar cada rasgo de su cara, lo único con color fueron sus labios; que iban pintados de color rojo, ese que volvía loco a su novio, casi esposo.
—Creo que nunca he visto a una novia tan linda —la castaña se echo a llorar mientras la abrazaba y repetía infinitas veces lo mucho que la amaba—. Ojala algún me amen así de bonito como se aman ustedes. Te mereces toda la felicidad y plenitud. Por una vida sin miedos, donde la libertad sea la única arma que necesites para seguir disfrutando de este amor.
—Basta Martina, no podés hacerla llorar —dijo la bajita del grupo, mientras se sobaba su pancita de 5 meses de embarazo—. Peor hacerme llorar a mi.
Todas rieron y se abrazaron, cada una agradeció internamente tenerse en sus vidas. La hermandad que habían formado en el transcurso de su vida, era un regalo para cada una porque se salvaron en conjunto y se acompañaron en los momentos más dolorosos.
Se tomaron fotos y le dieron las últimas palabras de amor a la novia, que intentaba no lagrimear para no arruinar su maquillaje.
—Gracias por no soltarme y salvarme, las amo.
Afuera en la playa la novia de Tato, se acercaba emocionada a ellos indicando que la novia ya estaba lista y en unos minutos salía. La sonrisa que se formó en el novio fue inmensa.
—Respira gordo, todo estará bien —dijo mientras palmeaba su espalda—. Creo que no te lo he dicho pero estoy orgulloso de vos. No te quiero hacer llorar pero siempre recuerdo la desesperación que vi aquella noche en tus ojos. Gracias por salvarla hermano.
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¡DE CERO! | Giamila
FanfictionSi vuelve a tener sentido que yo vuelva a estar contigo, ya no tendremos que empezar de cero... O si? #Giamila
