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Miedo: Percepción de peligro, real o supuesto. Emoción primaria.

En Buenos Aires había amanecido hace unas 6 horas, era un día nublado pesé a que el clima estaba cálido. Algo similar a lo que pasaba en la mente Gianfranco.

Tenía despierto aproximadamente 40 minutos, sobre pensando todo lo que se había generado en su interior luego de dormir acompañado, una vez más de Camila.

Se le aceleraba el corazón, dormía plácidamente, la abrazaba toda la noche, no sentía calor o frío. Todo era perfecto.

Quería animarse a estar con ella, quería declarársele, decirle lo mucho que la quería y lo que imaginaba a futuro para ambos pero tenía miedo, miedo a cagarla, a no ser suficiente, a no ser lo que ella necesita.

Miedo a nuevamente no poder salvarla y esta vez perderla. Para siempre.

Para él, Camila siempre había sido su debilidad, desde la primera interacción que tuvieron cuando en el colegio los juntaron para un trabajo práctico.
Ellos tenían una conexión que iba más allá del vínculo que habían generado, más allá del tiempo, de los sentimientos.

A él se le partía el alma cuando ella lloraba, se le ensanchaba el pecho de orgullo cuando algo lograba, le revoloteaban mariposas en el pecho de solo verla.

Siempre la pensaba, era su primera opción para compartir la tarde, quien le daba el impulso y quien le generaba tranquilidad.

Eso era amor, él estaba seguro aunque no se atreva a decirlo en voz alta.

Se sentía nublado del miedo pesé a que el sentimiento por ella era lo más lindo y cálido que había sentido alguna vez.

Entonces en su cabeza se repetía "¿me ánimo o lo dejo pasar?"

Estaba vistiéndose cuando Cami abrió los ojos, sonriéndole chiquito como con vergüenza.

- Buen día bonita. - Le dijo él sonriéndole de vuelta.

- Soy yo o estas huyendo de aquí? - Decía una Cami despeinada mientras volvía a cerrar los ojos por el sueño que tenía.

- No, solo que pedí desayuno para ambos y en nada llega.

Ella le dijo un inaudible gracias y él le sonrió.

Cami se levantó y desperezó, aquel domingo sería para arreglar la casa, tomar mates y ver alguna peli. Pero estaba feliz de que Gian este ahí con ella, le generaba paz y le quitaba un poco el vacío que sentía. Ese vacío que estaba presente desde que Rocío traspaso el plano terrenal.

Para ella, Gian era su hogar. No había definición más exacta cuando con él lo obtuvo todo.

Y aunque nadie entienda el vínculo que los unía, ellos siempre volvían al otro como imanes.

Estaba concentraba poniéndose crema en la cara que no sintió a Gian entrar al baño y tomarle una foto.

- Me gustas así. - Le dijo Gian mientras le mostraba la foto que le había sacado.

- Pero mira lo que soy Pupi. - Le dijo con vergüenza porque aunque se mostraba segura para el exterior, siempre fue insegura para con ella misma, que sí era muy alta, que si no era delgada o su cuerpo no cumplía la "normativa", que si su pelo no era extremadamente lacio o si sus ojos no eran claros. Siempre había una excusa.

Sin embargo para él, la foto era perfecta. Ella de perfil, solo con una camiseta oversive, con las piernas descubiertas y recién despierta. Al natural.

- Sos linda negra. - Decía mientras la abrazaba por la espalda y la llenaba de besos en el cachete, a ella un poco se le llenaba el corazón.

Ella reía por las cosquillas y por la inexistente diferencia de altura entre ellos.

¡DE CERO! | GiamilaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora