Capitulo 20

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Desperté al sentir cómo Minho me miraba atentamente mientras pasaba su mano por mi pelo y lo masajeaba en movimientos suaves.

Me costaba abrir los ojos, pero cuando lo hice pude ver cómo el chico me dedicaba una sonrisa encantadora que desbordaba cariño.

-Buenos días, amor mío -dijo tiernamente con el rostro iluminado.

-Buenos días, cariño -murmuré con un tono de voz adormilado mientras lo abrazaba una vez más y le daba un corto beso.

Él me abrazó y nos quedamos juntos por un buen rato, intentando ignorar la luz del sol que se colaba por la ventana y nos indicaba lo tarde que era.

-Tenemos que levantarnos ya -le dije al chico, intentando también convencerme a mí inconscientemente.

-Solo un minuto más, Ems -suplicó el pelinegro en un puchero, aumentando aún más la fuerza de su agarre.

-Vamos Minho, ya es tarde -dije decidida mientras me levantaba y buscaba por el suelo mi ropa para poder cambiarme.

-Eres tan hermosa -proclamó embobado mirando mi cuerpo, el cual se encontraba iluminado por la poca luz que se filtraba por la ventana de la cabaña.

-Ya lo sé -contesté divertida, ocultando el pequeño rubor que se formó en mi cara antes de dirigirme al baño para poder vestirme.

Tardé un par de minutos más, ya que por el esfuerzo de ayer me dolían ligeramente mis piernas.

Y aun así, cuando salí del baño, el chico aún continuaba colocándose su camisa, cosa que me permitió observar su abdomen marcado, resultado de tantos años trabajando como corredor.

Me acerqué lentamente y tomé su camisa para ayudarle a abotonarla, cosa que aceptó sin reproche alguno.

-Sabes, en lugar de ponerme la camisa, deberías ayudarme a quitarla -dijo con una sonrisa ladina.

-Lo haría con todo gusto, pero ya vamos tarde y en cualquier momento alguien vendrá a buscarte -contesté mientras acomodaba el cuello de su camisa, mirando divertida las marcas de su cuello.

Antes de que pudiera comentarle algo al respecto, escuché cómo alguien tocaba la puerta, ocasionado que mis ojos se abran por la sorpresa, y entré en un ligero pánico porque se suponía que no podíamos pasar juntos la noche.

-Emily, soy Newt. Abre la puerta -exclamó el rubio antes de volver a tocar.

-Mierda -maldije por lo bajo mientras pensaba qué hacer. -Vete al baño y ni se te ocurra salir -le ordené enojada al chico en un susurro para evitar que Newt me escuchara.

-¿Por qué? Quiero saludar a mi amigo -dijo divertido el pelinegro, causando que recibiera un pequeño golpe en el pecho.

-Ya voy -le dije al rubio mientras miraba fulminante a Minho y le señalaba el baño.

Cuando el chico por fin me obedeció, caminé a la puerta y la abrí con una sonrisa que intentaba cubrir mi nerviosismo.

-Hola, pequeña, sabes en dónde está Minho -me interrogó el chico mirándome fijamente.

-No -contesté directamente, ocasionado que el chico no me creyera para nada.

-Está aquí, verdad -afirmó el chico mirando adentro de la cabaña para buscarlo.

-¡Por supuesto que no! -exclamé, intentando sonar lo más convincente posible.

-Entonces, ¿qué hacen sus zapatos ahí? -dijo acusadoramente el chico mientras señalaba a una esquina de la cabaña en donde se encontraba un par de zapatos.

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