Capitulo 22

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                                        Emily pov:

Después de aquella situación vergonzosa fui a trabajar a la enfermería, en dónde estube intentando ignorar todos los comentarios y preguntas de mi amigo. 

Unas cuantas horas después él pareció rendirse y se quedó en silencio mientras hacíamos nuestro trabajo de rutina. 

De repente unos gritos lejanos nos alertaron a ambos, haciendo que saliéramos a ver qué era lo que ocurría. 

Al salir del lugar volví a escuchar el grito, pero está vez también pude ver a Thomas corriendo de Ben mientras pedía ayuda de manera desesperada.

Al mirar aquella escena, Jeff y yo rápidamente corrimos para allá. Mientras yo ayudaba a Thomas a levantarse, Jeff le preguntaba a los chicos qué era lo que ocurría. Cuando los chicos levantaron la playera de Ben sentí una mezcla de sorpresa y miedo al ver la marca de una picadura extendiéndose por su pecho. 

Me sentía sorprendida por el hecho de que al chico lo hubieran picado de día, cosa que me llenaba de incertidumbre pero también me generaba miedo. Ben era el compañero de Minho y él todavía no regresaba. 

Y el escuchar los gritos de Ben no ayudaban para nada a evitar que mi mente comenzara a generar miles de malos escenarios. 

Estaba junto a Thomas observando aquella escena plasmada cuando Newt se acercó a mí para preguntarme si me encontraba bien. 

Yo no respondí y solo me quedé mirando en dirección al laberinto, haciendo que el rubio entendiera que era lo que pensaba.

—Él está bien, pequeña —me intentó convencer, pero yo seguía sin moverme a causa de mi creciente miedo y preocupación por Minho.

—Emily, necesito que revises a Thomas porque Ben lo lastimó y Jeff tiene que ir con los demás chicos —dijo Alby en una disimulada orden, causando que saliera de mi bloqueo.

—Voy en un segundo —respondí en un murmuro mientras me dirigía a Newt para pedirle que en cuanto llegara Minho me avisara.

En cuanto él aceptó, me dirigí a donde estaba Thomas para comenzar a curarlo, ya que Ben lo había lastimado ligeramente con sus uñas, causándole varias marcas en su brazo. Tome un pedazo de Aloe Vera y lo exparci por la herida antes de venderla para ayudar a su cicatrización y evitar que se inflame o se infecte.

Comúnmente me encantaba explicarle a los chicos lo que hacía y el porqué, pero en este momento tenía en la mente la idea de que Minho podía estar en peligro, así que estaba neutral y apurada para terminar lo antes posible e ir a buscarlo.

—Tal vez deberíamos amputarle el brazo —escuche bromear a Minho apenas llegó a dónde estábamos, causando que deje caer lo que sostenía y me abalance a él para abrazarlo cuando lo escuché hablar.

—Dios mío, me tenías demaciado preocupada —le dije mientras lo abrazaba tan fuerte como podía.

—Pero por qué si todavía es temprano —me preguntó el chico confundido.

Al escuchar lo que dijo, entendí que él todavía no sabía nada, así que me separé de su abrazo y lo miré con un rostro cubierto de tristeza.

—Picaron a Ben —le confesé intentando sonar lo más calmada posible. 

—Pero… —soltó el chico incrédulo y sin saber qué decir mientras su sonrisa se apagaba lentamente.

Lo único que pude hacer fue abrazarlo para intentar darle algún tipo de consuelo.

No sabía si eso era suficiente, pero tampoco podía formar ninguna palabra que de verdad lo ayudara. Ambos sabíamos lo que ocurriría y que era inevitable. 

—Tengo que ir a buscar a Alby —me informó el chico antes de separarse de mí y alejarse rápidamente en dirección a la sala de juntas, en donde probablemente estaban los chicos preparándose para el destierro de Ben. 

Yo me quedé viendo como se alejaba unos segundos más antes de volver con Thomas para terminar de vendarlo e ir a alcanzar a Minho.

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Odiaba ver cómo desterraban a alguien; siempre que ocurría me alejaba y me ocultaba en el bosque intentando no escuchar las últimas palabras o los últimos gritos de los chicos. 

Me parecía horrible pensar en que lo abandonamos a su suerte, obligándolo a correr una última vez por su vida aunque fuera conciente de que no tenía alguna escapatoria. Odiaba estar ahí pensando que, por más que tratara, jamás podría curarlos.

Pero aún así, esta vez estuve ahí para acompañar a Minho. No me importaba lo mucho que detestaba todo eso; no podía simplemente dejar a mi novio solo mientras él llevaba a su amigo al laberinto. 

Me quedé en una esquina observando como llevaba a Ben con la cara abatida por el sentimiento de tristeza que lo consumía. 

El chico les pedía a todos entre sollozos que, por favor, no lo hicieran. Cuando cayó al suelo, comenzó a soltar ruidos que mostraban el avance de su infección. 

Cuando las puertas comenzaron a cerrarse, Minho se alejó y se colocó a lado de mí para dejar que los demás bajaran sus postes y obligaran a Ben a entrar al laberinto. Con cada grito del chico, mi corazón se quebraba poco a poco, haciendo que cierre los ojos fuertemente para luchar con mis lágrimas que empezaban a surgir.

Al escuchar cómo el estridente sonido de la puerta cerrándose apagó el último grito de Ben, me dirigí al pecho del pelinegro, aferrandome a él mientras dejaba que por fin las lágrimas comenzaran a brotar en silencio.

—Ya pertenece al Laberinto —soltó Alby dirigiéndose a todos nosotros, intentando que su voz no se escuchara quebrada y sonara igual de segura que siempre.

Cosa que le admiraba demaciado.

Cuando él se alejó, los demás comenzaron a seguirlo con la misma cara cabizbaja. 

—Voy a buscar a Chuck —le dije al pelinegro cuando los demás se fueron, pero él me frenó con su mano.

—Quedate —me pidió el chico en un hilo de voz mientras me miraba con el rostro abatido.

Yo no dije nada más y me quedé junto a él, abrazándolo y dejando que poco a poco se liberara de todo el sentimiento que retuvo todo este tiempo. 

The Girl and the Runner Donde viven las historias. Descúbrelo ahora