Capitulo 24

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                                        Jeff pov:

Cuando Mily logró liberarse del agarre de Gally, ya era demaciado tarde. Las puertas estaban completamente cerradas ante nosotros.

La castaña cayó al suelo mientras gritaba desgarradoramente el nombre de Minho, mientras en un acto desenfrenado empezaba a golpear la puerta de roca frente a ella con una fuerza y desesperación que le causó heridas en las manos instantáneamente.

Tardé unos minutos en reaccionar y cuando lo hice, mire cómo los chicos trataban de tranquilizarla, pero no tenían éxito alguno.

-¡Emily, ya basta! -le dije a la castaña mientras me acercaba y tomaba fuertemente sus brazos para evitar que continuara lastimándose.

Ella tenía intenciones de alejarme igual que lo había hecho con los demás, pero en cuanto observó que era yo, se rindió y se lanzó a mis brazos en un mar de lágrimas.

Verla en ese estado era como recibir miles de apuñaladas en el pecho.

-Él no se puede quedar ahí, Jeff -murmuró entre sollozos con una voz profundamente quebrada -Por favor, él no, no lo puedo perder.

-Tranquila, él va a estar bien -le dije intentando calmarla mientras la envolvía en mis brazos delicadamente.

-Jeff, llévala a su cabaña -me pidió Newt preocupado por la chica, pero en cuanto lo escuchó ella se levantó y se alejó de nosotros.

-Ni siquiera lo intenten, no pienso moverme de aquí -declaró la castaña con una mirada hostil.

-Tienes que ir a... -Intentó explicarle el chico, pero ella lo interrumpió.

-¡Dije que no! -exclamó en una mezcla de rabia y tristeza mientras volvía a sentarse en el piso que aún se encontraba húmedo por la lluvia.

El rubio y yo la miramos desconcertados al escucharla alzar la voz; pero al verla derribaba en el suelo nuestro semblante cambió.

-Jeff puedes... -Me preguntó el chico y aún sin que terminara la oración entendí a lo que se refería.

-Claro, no te preocupes, Newt -respondí mientras me volvía a acercar a la castaña lentamente, pero no sin antes darle una palmada en la espalda al rubio.

Sabía que él se sentía de la misma manera que la chica pero que jamás dejaría que lo viéramos derribado. Y mucho menos ahora que Alby no estaba y tenía que quedarse a cargo del área.

Cuando los demás se alejaron, me senté junto a Mily y observé angustiado el estado de su mano. Tenía los nudillos de un color rojo vivo y se podían observar pequeñas heridas por las que salía poca sangre.

Quería decirle algo pero decidí mejor quedarme en silencio mientras sacaba de mi bolsillo un par de vendas y comenzaba a envolver su mano en ellas.

-¿Por qué cargas con vendas en tus bolsillos? -preguntó rompiendo el silencio agobiante que se había formado.

-Uno nunca sabe cuando se necesitarán -contesté aún concentrado en cubrir cuidadosamente sus heridas. -Tengo que estar preparado por si en cualquier momento se lastima un carnicero o una chica loca.

Al decir eso se me formó una inevitable sonrisa que terminó por provocar que ella se ría.

-Lo siento -murmuró al terminar de reírse de mi comentario sobre ella-. En ese momento no pensé mucho en lo que hacía.

Quería decirle que jamás pensaba en lo que hacía, pero decidí que era mejor no hacerlo. O al menos no ahora.

-No te disculpes, mily -dije en su lugar mientras terminaba de vendarle ambas manos.

The Girl and the Runner Donde viven las historias. Descúbrelo ahora