IV

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La mañana era fría, y el aire se sentía pesado. Los rayos del sol apenas lograban atravesar las nubes grises, y el ambiente en casa no ayudaba a mejorar el ánimo de Checo. Mientras se sentaba a desayunar, sus padres miraban la televisión con expresiones de preocupación.

En la pantalla, una reportera con voz seria hablaba desde un lago envuelto en neblina.

- Esta mañana, un cuerpo fue encontrado flotando en el lago del bosque cercano. Las autoridades investigan las causas de esta tragedia, pero aún no hay información sobre la identidad de la víctima -

Checo sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Las imágenes del lago y las luces de las patrullas en la distancia parecían sacadas de una película de terror. Su madre apagó la televisión, suspirando con cansancio.

- Las cosas están cada vez peor. No quiero que vayas solo al bosque, Checo. Si tienes que ir por cualquier cosa, hazlo acompañado, ¿me oíste? - dijo su madre, mirando a su hijo con seriedad.

- Sí, mamá - respondió él, aunque su mente estaba lejos de la conversación.

El desayuno continuó en silencio. Checo trataba de comer, pero el apetito lo había abandonado. No podía dejar de pensar en lo que había sucedido la noche anterior con Max. De reojo, vio algo en la esquina de la habitación. Una sombra, alta y esbelta, que parecía estar de pie junto a la ventana. Se giró lentamente para mirar, y ahí estaba Max, con su típica expresión enigmática, como si siempre supiera algo que Checo desconocía.

"Sigue desayunando. No hay por qué tener miedo"

La voz resonó en su mente, grave y profunda. Checo sintió un nudo en el estómago, pero obedeció. Bajó la mirada al plato y trató de ignorar la presencia de Max, que parecía disfrutar de su incomodidad.

Después de terminar el desayuno, su madre anunció que irían a la iglesia. Checo se tensó de inmediato. La idea de entrar a un lugar sagrado después de lo que había hecho lo ponía nervioso, pero no tenía opción. Se vistió rápidamente y salió con sus padres y hermano, sintiendo la presencia de Max siguiéndolo a cada paso.

El templo era imponente, con sus altas torres y vitrales que reflejaban colores brillantes. Al llegar, Checo se detuvo frente a las grandes puertas de madera, sintiendo un peso extraño en el pecho.

- Vamos, hijo - dijo su padre, tocándole el hombro.

Checo asintió, aunque su cuerpo parecía reacio a moverse. Entonces, la voz de Max volvió a invadir su mente.

"¿Qué? ¿Acaso piensas entrar?" preguntó, con un tono burlón. Te recuerdo que hicimos un trato.

Checo respiró hondo, tratando de ignorar las palabras de Max. Dio un paso hacia adelante, y luego otro, hasta que cruzó el umbral. En cuanto sus pies tocaron el suelo del templo, sintió un dolor punzante en la cabeza. Era como si miles de agujas se clavaran en su cráneo.

"Te lo dije. Pero bueno, como sea, tu alma ya es mía"

El dolor se intensificó con cada palabra de Max. Checo apretó los dientes, esforzándose por mantener la compostura mientras avanzaba hacia un banco. Se sentó junto a sus padres, tratando de no llamar la atención, aunque su respiración era irregular.

El aroma a incienso llenaba el aire, y la voz del sacerdote resonaba en el templo, pero Checo no podía concentrarse. Su cabeza latía con fuerza, y sentía que todos los ojos estaban sobre él, aunque sabía que no era cierto.

Cuando terminó la misa, sus padres se levantaron para saludar al padre. Checo los siguió con lentitud, aún sintiendo el peso del dolor en su cabeza.

El sacerdote lo miró fijamente cuando se acercó. Sus ojos parecían atravesarlo, como si pudiera ver más allá de su fachada. Checo sintió un escalofrío, y un sudor frío le recorrió la espalda.

𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora