XV

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La habitación estaba sumida en la penumbra, la luz de la luna apenas iluminaba el espacio a través de las cortinas, dejando sombras que danzaban suavemente sobre las paredes. Max estaba sentado al borde de la cama, con la vista fija en el rostro de Checo, quien dormía plácidamente. Había algo tranquilizador en su respiración profunda y calmada, pero también había una sensación que lo inquietaba, algo en su interior que no lograba calmar. Sabía, en lo más profundo de su ser, que la paz que disfrutaban no sería eterna. No en su mundo. No con lo que él era.

Max se recostó hacia adelante, sus codos apoyados sobre las rodillas, mientras observaba a Checo sin apartar la mirada. Cada vez que sus ojos se posaban en él, un sentimiento abrumador de posesión y amor lo invadía. Pero ese mismo amor estaba teñido por la sombra de la preocupación. El mundo en el que vivían, las reglas no dichas que los rodeaban, las fuerzas que se alzaban contra ellos, todo eso lo acechaba. Checo, por más que le doliera, era vulnerable. Y Max... Max no podía protegerlo para siempre.

De repente, el aire en la habitación se volvió más denso, el ambiente cargado de una tensión palpable. Max sintió un escalofrío recorrer su espalda, no porque tuviera miedo, sino porque sabía exactamente lo que eso significaba. No necesitaba girarse para saber quién había entrado en la habitación.

— ¿Qué haces aquí, George? — preguntó Max, sin apartar la vista de Checo. Su voz era calmada, pero se percibía la irritación bajo sus palabras. No necesitaba a George interrumpiendo su paz, menos ahora.

La figura detrás de él se materializó en la penumbra. George apareció con su presencia imponente, su sombra alargada y oscura llenando el espacio. Caminaba con una confianza peligrosa, una que Max conocía bien. La sonrisa en el rostro de George era cínica, una mueca que reflejaba la satisfacción de estar en control.

— Vine a advertirte — dijo George con su voz grave, arrastrando las palabras mientras caminaba lentamente hacia Max, acercándose con paso seguro. La amenaza en sus palabras era clara, y Max lo sintió en la piel, aunque no mostró ninguna señal de temor.

Max, aún sin mirarlo, simplemente resopló. No estaba dispuesto a perder ni un segundo más en juegos de poder con él. — No necesito tus advertencias. No me interesan tus juegos ni tus celos infantiles — respondió, su tono cargado de desprecio.

George se detuvo a unos metros de él, frunciendo el ceño, pero su postura se mantenía tranquila. Su mirada se fijó en Max con una intensidad que delataba el profundo resentimiento que sentía.

— Esto no es un juego, Max. Es una advertencia. Si no te alejas de él, lo pagarás caro. Y no será solo él quien sufra —

Max no se movió ni un centímetro, pero su mirada se endureció. Sabía de lo que estaba hablando, pero no se dejaría intimidar.

— No me hagas perder el tiempo, George. Si tú o cualquiera se atreve a acercarse a Checo con malas intenciones, no tendrás que preocuparte por el infierno o por mí. Porque yo te destruiré antes de que puedas intentarlo —

La expresión de George se tornó más oscura, una sombra de sorpresa cruzó por su rostro antes de que una risa baja y cruel escapara de sus labios. — ¿Destruirme? — repitió, casi con diversión. — Olvidas quién soy, Max. Yo te creé. Yo te di el poder que tanto presumes —

Max, en lugar de retroceder, dio un paso hacia él. Su presencia se volvió aún más imponente, un recordatorio de la fuerza que poseía, una que era incluso más aterradora que la de George. Sus ojos brillaron con una intensidad que rara vez dejaba ver.

𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora