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Era un domingo tranquilo, el tipo de día que parece alargarse y llenarse de promesas silenciosas. Checo finalmente regresaba a casa después de una semana en el retiro. El tiempo que había pasado lejos había sido extraño, lleno de reflexiones forzadas y silencios incómodos. Aunque había intentado concentrarse en las actividades y escuchar los consejos de Vettel, su mente siempre regresaba al mismo lugar: Max. No podía evitarlo, como si una parte de él estuviera siempre ligada a ese ser enigmático que había trastocado su vida.

Cuando llegó a casa, sus padres lo recibieron con alegría. Su madre lo abrazó como si no lo hubiera visto en años, y su padre le dio una palmada en la espalda, preguntándole por el retiro. Checo respondió con frases cortas, tratando de disimular su impaciencia por escapar a su habitación. Sabía que era descortés, pero después de una semana de estar rodeado de gente, sólo quería un momento de soledad. Aunque, en el fondo, sabía que no era eso lo que realmente buscaba.

Subió las escaleras rápidamente, con la mochila colgando de un hombro. Empujó la puerta de su habitación, cerrándola tras de sí con un suspiro de alivio. Sin embargo, al darse la vuelta, su corazón dio un vuelco. No estaba solo. Allí, sentado en el borde de su cama, estaba Max. Su figura parecía encajar perfectamente en el espacio, como si hubiera estado esperándolo desde siempre.

— ¿Qué haces aquí? — preguntó Checo, la sorpresa clara en su voz.

Max levantó la vista, su expresión serena pero con un destello de diversión en sus ojos oscuros. Llevaba su habitual atuendo negro, su cabello ligeramente desordenado como si hubiera llegado apresuradamente. Pero lo que más llamó la atención de Checo fue el collar que colgaba de su cuello. Un pequeño colgante en forma de luna, brillante y casi vivo, que parecía pulsar con una energía propia.

Checo se quedó inmóvil por un momento, incapaz de procesar lo que sentía. Luego, como si algo dentro de él rompiera el dique de sus emociones, corrió hacia Max y lo abrazó con fuerza.

— Te extrañé tanto — murmuró, apretando el rostro contra el hombro de Max. La textura de su abrigo, su aroma y el calor de su cuerpo parecían demasiado reales para ser un sueño.

Max tardó unos segundos en reaccionar, pero finalmente levantó los brazos y devolvió el abrazo, aunque con menos intensidad.

— No sabía que eras tan sentimental — dijo con una sonrisa burlona, aunque su tono era suave.

— No empieces, Max — replicó Checo, separándose lo justo para mirarlo a los ojos. — En serio, ¿qué haces aquí? —

Max no respondió de inmediato. En lugar de eso, se levantó del borde de la cama y comenzó a pasearse por la habitación, sus ojos oscuros recorriendo cada rincón. Checo se dio cuenta de que Max no había cambiado nada de la decoración desde la última vez que estuvo allí, pero aun así parecía estudiarlo todo como si fuera nuevo.

Fue entonces cuando Checo notó de nuevo el collar. Había algo en él, algo que parecía llamarlo, como si estuviera hecho para él.

— Ese collar... — comenzó a decir, pero luego dudó. — ¿Por qué parece... especial? —

Max se detuvo y lo miró con atención, como si estuviera evaluando cuánto estaba dispuesto a explicar. Finalmente, se sentó de nuevo en la cama y sostuvo el colgante entre sus dedos.

— Este collar no es sólo mío — dijo, su voz baja pero cargada de significado. — Hay otro igual, y está destinado a ti —

Checo frunció el ceño, su mente tratando de procesar lo que acababa de escuchar.

𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora