XVI

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El cielo estaba nublado esa mañana, con un aire frío que le erizaba la piel a Checo mientras caminaba hacia la escuela. No había dormido bien, o más bien, casi no había dormido en absoluto. Su mente era un caos.

A su lado, Max caminaba en silencio.

Checo lo miró de reojo, pero no dijo nada. Solo el sonido de sus pasos resonaba en la acera. Había tantas cosas que quería decirle.

Preguntarle por qué siempre aparecía de la nada.

Preguntarle por qué no podía sacárselo de la cabeza.

Preguntarle si alguna vez iba a dejarlo en paz.

Pero no lo hizo. En lugar de eso, suspiró y metió las manos en los bolsillos de su chaqueta.

— Te ves horrible. — dijo Max de repente, rompiendo el silencio.

— Gracias, qué cumplido. —

— No, en serio. — Max lo miró con seriedad — No dormiste nada, ¿verdad? —

Checo bufó. — No es nada nuevo. —

Max chasqueó la lengua con desaprobación, pero no dijo nada más.

Caminaron en silencio hasta que la escuela apareció a la vista.

El edificio se alzaba frente a ellos como cualquier otro día. Era solo otra mañana normal.

Pero cuando Checo pasó por la puerta principal y giró la cabeza, Max ya no estaba a su lado.

Se quedó quieto un momento, mirando a su alrededor, pero no había ni rastro de él. Como si nunca hubiera estado ahí.

Suspiró.

— Ya ni me sorprende. —

Se acomodó la mochila y siguió caminando.

Tan pronto como entró, una voz familiar lo sacó de su trance.

— Hermano, ¿por qué tienes cara de muerto? —

Checo alzó la vista y vio a Lance y Esteban acercándose a él con miradas curiosas.

— Me siento como muerto, que es diferente. —

— No es gracioso. — dijo Lance, cruzándose de brazos — ¿Otra noche sin dormir? —

Checo se encogió de hombros. — Algo así. —

Esteban lo miró fijamente. — No me digas que es por Max otra vez —

El silencio de Checo fue suficiente respuesta.

— ¿Qué pasó esta vez? — preguntó Lance.

— Nada en particular. Solo... lo de siempre. —

Lo de siempre.

Verlo y luego no verlo. Sentir que su presencia lo envolvía, pero al mismo tiempo sentir que estaba tan lejos.

Lance y Esteban no insistieron. Sabían que cuando Checo no quería hablar, no había manera de hacerlo cambiar de opinión.

— Bueno, al menos intenta no desmayarte en medio de clase. — bromeó Esteban.

Checo forzó una sonrisa. — Lo intentaré. —

La primera clase del día era historia.

Su profesor Ernesto entró al salón con su habitual energía tranquila, saludando a todos con una sonrisa.

— Buenos días, chicos. Vamos a hacer algo diferente hoy. —

El murmullo en la clase aumentó.

𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora