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Los primeros tres meses de embarazo de Checo fueron una montaña rusa de emociones, antojos y cambios. Aunque al principio había sido reacio a admitir que algo en su vida estaba cambiando, pronto se dio cuenta de que su cuerpo ya no era el mismo, y tampoco su vida. Max, por su parte, se convirtió en su mayor apoyo, asegurándose de que Checo estuviera cómodo, bien alimentado y, sobre todo, feliz. A pesar de ser el rey del Infierno, Max sabía que ser padres no era algo que se pudiera tomar a la ligera, y en esos momentos, el Infierno era un lugar pacífico y cálido, donde el amor se extendía más allá de lo que la gente pensaba.
Desde el primer mes, Checo había comenzado a notar un sinfín de cambios en su cuerpo. La cansancio, los malestares matutinos y una necesidad insaciable de dormir más horas de lo normal, lo hacían sentir que algo grande estaba sucediendo. Aunque al principio trató de ignorar las señales, Max no lo dejó. Le insistió que fuera al infierno de los médicos, el mismo lugar donde se encargaban de las criaturas más especiales, y Checo, un poco renuente, aceptó ir. Fue allí donde la noticia fue confirmada: Checo estaba embarazado.
La noticia fue un shock para ambos, pero algo dentro de Checo le decía que todo iba a estar bien. Max, por otro lado, fue un cúmulo de emociones. En sus ojos brillaba un amor inmenso, y aunque sabía que el embarazo no sería fácil, estaba más que listo para enfrentar los retos junto a Checo. Ambos compartieron una noche de emociones encontradas, mirándose en silencio mientras pensaban en el futuro y todo lo que vendría con esta nueva etapa de sus vidas.
Los primeros dos meses fueron los más difíciles para Checo. Los malestares matutinos lo dejaban exhausto, y cada vez que pensaba que podría relajarse, su estómago comenzaba a dar señales de que algo debía comer. Y no cualquier cosa, sino algo en particular, que le daba antojos extraños. Se encontraba deseando cosas que nunca antes había probado, y Max, con su paciencia infinita, se encargaba de satisfacer cada uno de esos caprichos. Si Checo deseaba una pizza con piña y chocolate, Max corría a traerla, aunque sabía que su paladar no siempre aprobaba la combinación.
Era Daniel quien, en muchas ocasiones, tomaba el relevo cuando Max no podía estar cerca. Como mano derecha de Max, Daniel había aprendido a leer a las personas y, en este caso, entendía perfectamente a Checo y sus antojos incontrolables. Así fue como se convirtió en el salvavidas de Checo, corriendo al supermercado infernal a toda velocidad para conseguirle los ingredientes más extraños. En un día, Checo había pedido dos veces helado con chiles, otra vez una hamburguesa de tofu con mayonesa y, por supuesto, sus amados tacos con piña. Daniel nunca cuestionó la extraña combinación de sabores, simplemente iba y volvía, siempre con una sonrisa y una paciencia infinita.
Un día, cuando Checo estaba en su cuarto, descansando, Daniel apareció con una bolsa llena de lo que Checo había pedido: galletas de avena, fresas frescas y, por supuesto, su café con leche. Checo lo miró, sonrió y se recostó en la cama mientras comenzaba a comer con ansias.
- Gracias, Daniel - dijo Checo, sabiendo que su amigo siempre estaría ahí para él - Eres un gran amigo, pero hoy, te necesito en otro papel. -
Daniel lo miró con curiosidad, levantando una ceja. - ¿Otro papel? - preguntó, un poco confundido.
Checo dejó el tenedor a un lado y lo miró con una sonrisa traviesa. - Sí, hoy te quiero hacer una propuesta importante. -
Daniel frunció el ceño, preocupado por lo que Checo pudiera decir - ¿Qué tipo de propuesta? -
Checo respiró hondo y dejó escapar un suspiro mientras acariciaba su vientre, que ya comenzaba a notarse ligeramente abultado. - Quiero que seas el padrino de mi hijo. -
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𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏
Ficção Científicajamás imagino que al aceptar el reto de invocarlo, encontraría a quien sería su alma gemela. Un amor oscuro y destinado pondrá a prueba todos sus límites. ⛧⛧⛧⛧⛧⛧ pareja principal: Chestappen pareja secundaria: Charlos
