XVIII

561 50 55
                                        

⛧⛧⛧⛧⛧⛧

Una semana había pasado desde aquel día en que Checo, impulsado por las voces en su mente y el dolor, había sucumbido a la tentación de las drogas para escapar de la realidad. El vacío y la tensión que había sentido no habían desaparecido; al contrario, se habían intensificado. La frase seguía rondando en su cabeza, y la presión aumentaba con cada día que pasaba. En cada rincón de su mente, la pregunta se repetía una y otra vez: "¿De verdad crees que él te va a elegir?" La voz de duda, esa misma voz que lo había acosado, no lo dejaba en paz. Y lo peor era que no sabía si estaba comenzando a creerla.

El día había comenzado como cualquier otro. En la escuela, la rutina seguía su curso, pero Checo no podía escapar de sus pensamientos oscuros. En el patio, junto a Esteban y Lance, los tres se encontraban tranquilos, mirando al horizonte, pero con una sensación incómoda en el aire. Checo no estaba realmente allí; su mente divagaba, atrapada en las imágenes y los ecos que la voz le había dejado. Esteban y Lance charlaban entre ellos, pero Checo apenas podía concentrarse. Algo en su pecho se sentía cada vez más pesado, como si fuera incapaz de respirar. Estaba rodeado de amigos, sí, pero se sentía completamente solo, atrapado en su propio torbellino mental.

Fue en ese momento que la voz, la que ya había empezado a atormentarlo, volvió a resonar en su mente, más fuerte y clara que nunca.

"¿De verdad crees que él te va a elegir? Estás tan ciego, tan perdido... Todo esto es una farsa. El Diablo no te quiere, Checo. Solo juega contigo."

La frase le atravesó la mente como una daga afilada, y antes de que pudiera procesarla completamente, algo extraño sucedió. Checo se sintió extraño, como si una presencia desconocida se hubiera colado en sus pensamientos. No estaba solo en su cabeza. Una fuerza ajena, algo oscuro, lo estaba invadiendo. De repente, las imágenes comenzaron a formarse frente a sus ojos, no eran recuerdos, sino algo más, algo completamente fabricado. Era como si alguien estuviera proyectando escenas en su mente, con total claridad.

Imágenes de Max, el Diablo, como le gustaba llamarlo, aparecieron ante él. Max, el ser que había hecho tanto por él, el que lo había tomado bajo su ala en ese mundo infernal, estaba ahora en su mente, pero lo que veía no era lo que él quería. En esas imágenes, Max estaba besándose con alguien más. Un ser humano, alguien que Checo no reconocía, pero que le causaba una punzada en el corazón. Max, el ser que le había prometido que lo amaría, ahora lo traicionaba frente a sus ojos. Cada beso, cada caricia, era un cuchillo clavado más hondo en su pecho.

"¿De verdad confías en él? Mira lo que está haciendo. Él no es más que un manipulador, un monstruo despiadado, que solo juega con tus sentimientos. Te está usando, Checo. Eres solo un juguete para él."

La voz era como un eco en sus pensamientos, cada palabra llenándolo de desesperación.

“No es el amor, no es la protección que creías. Es solo el Diablo. ¿Realmente creíste que alguien como él podría amarte? Eres solo un niño con problemas de adicción, nadie te querrá. Ni siquiera él.”

Checo cerró los ojos, apretándolos con fuerza, intentando detener el torrente de pensamientos que lo asaltaba. Pero la voz no se callaba. No podía huir de ella, y no podía escapar de las imágenes. La presión en su pecho aumentaba. Cada palabra que le decía, cada acusación, lo estaba destrozando por dentro. Quería gritar, pero no podía. Se sentía pequeño, débil, impotente.

Esteban y Lance se dieron cuenta de que algo no estaba bien con Checo. Se miraron entre ellos, confundidos y preocupados. Lance, quien siempre había sido más perceptivo, se acercó a él, tocándole el hombro con suavidad.

𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora