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Una habitación fría y oscura, iluminada apenas por el débil resplandor de una bombilla parpadeante, era testigo del tormento que Carlos estaba sufriendo. El olor a metal oxidado y humedad se mezclaba con el aroma penetrante de la sangre fresca. Carlos estaba atado a una silla de metal, con los bordes cortantes clavándose en su piel. Su camisa estaba desgarrada, dejando al descubierto su torso lleno de hematomas y cortes profundos. La sangre descendía en un hilo delgado por la comisura de sus labios hasta su cuello, perdiéndose entre los pliegues de su piel. El sudor caía de su frente, resbalando hasta sus ojos, pero él no los cerraba; los mantenía fijos, desafiantes, clavados en su verdugo.
Guido Marchetti, el líder de la mafia italiana, estaba de pie frente a él. Un hombre de porte imponente, con un traje perfectamente ajustado que contrastaba con la brutalidad de la escena. En su mano derecha sostenía una pistola, apuntando con firmeza al español. Su rostro era una mezcla de burla y desdén, sus ojos destilaban una crueldad que solo alguien acostumbrado a matar podía tener.
— Te dije que no metieras tu nariz donde no te importa, Sainz — espetó Guido, acercándose con pasos lentos y deliberados, disfrutando cada segundo de su triunfo.
Carlos levantó la cabeza con dificultad. Cada movimiento le costaba un esfuerzo tremendo, pero aún así no perdió su mirada altiva. Sus ojos oscuros ardían con una furia que ni el dolor ni la sangre podían apagar.
— Tú fuiste quien se metió en mi camino — escupió, su voz rasposa pero cargada de determinación.
Guido soltó una carcajada seca, resonando en las paredes como un eco burlón. Su expresión se volvió más fría, más letal.
— No tienes idea de con quién te metiste. Te mataré. Este es tu fin, Sainz. — Su dedo acarició el gatillo, la amenaza implícita en sus palabras.
Carlos sabía que estaba en una situación crítica, pero no mostró ni un ápice de miedo. El dolor físico que sentía en ese momento no era nada comparado con el peso de lo que sabía que se avecinaba. Sus pensamientos se remontaron una década atrás, al día que selló su destino.
Tenía solo 15 años cuando su vida dio un vuelco irreversible. Su padre había sido asesinado frente a él, dejando un vacío imposible de llenar. La familia Sainz había quedado desprotegida, y Carlos, siendo solo un adolescente, no sabía cómo manejar un imperio que se desmoronaba ante sus ojos. La desesperación lo llevó a buscar respuestas en lugares prohibidos. Una noche, bajo el manto de la oscuridad, realizó un ritual que había aprendido de viejos libros escondidos en la biblioteca de su padre.
Cuando Max apareció, no había dudas de quién era. Su presencia era imponente, casi irreal. Con un porte elegante y una sonrisa peligrosa, Max le ofreció exactamente lo que necesitaba: poder, influencia y la habilidad de reconstruir su legado. Pero el trato tenía un precio claro. Su alma no le pertenecía más.
Carlos había aceptado sin titubear. Durante los siguientes años, con la guía silenciosa de Max, se convirtió en el líder de la mafia española, forjando su nombre entre los más temidos. Pero sabía que había una cláusula ineludible: el día que alguien lograra doblegarlo, que estuviera al borde de la muerte, Max sería quien daría el golpe final y reclamaría su alma.
Y ahora, en esa silla, con Guido frente a él, Carlos no podía evitar preguntarse si ese día había llegado. El líder italiano dio un paso más cerca, apretando el cañón de la pistola contra su frente.
— ¿Alguna última palabra? — preguntó Guido con un tono cargado de sarcasmo.
Carlos sonrió, una sonrisa que, a pesar de todo, estaba llena de desafío.
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𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏
Ciencia Ficciónjamás imagino que al aceptar el reto de invocarlo, encontraría a quien sería su alma gemela. Un amor oscuro y destinado pondrá a prueba todos sus límites. ⛧⛧⛧⛧⛧⛧ pareja principal: Chestappen pareja secundaria: Charlos
