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El infierno, a pesar de su eterna naturaleza de caos y tormento, estaba envuelto en un silencio inquietante. Las llamas que normalmente rugían y crepitaban en las vastas cavernas ardían con una intensidad más baja, como si las mismas llamas temieran lo que estaba por suceder. Max, recluido en su despacho, se encontraba rodeado por los antiguos pergaminos que tanto le habían servido a lo largo de los siglos. La biblioteca que había construido a lo largo de su reinado era un refugio de conocimiento oculto y secretos olvidados por el tiempo. Entre los miles de volúmenes, algunos escritos con tinta infernal, otros con sangre de los caídos, Max encontraba consuelo en el estudio. Aunque el ambiente estaba impregnado con una calma tensa, él sabía que ese momento de quietud no duraría.
Había una sensación en el aire, una presión que anunciaba que algo importante estaba por ocurrir. Los demonios y las criaturas que habitaban los rincones oscuros del infierno nunca interrumpían su trabajo sin motivo. Pero, en aquel instante, el sonido de unos pasos en el pasillo que conducían a su oficina fue suficiente para que Max levantara la vista. Un susurro en su interior le dijo que algo estaba por cambiar, algo que él no había anticipado.
La puerta se abrió con suavidad, y Oscar, un demonio alto y de mirada fija, entró en la habitación. Su figura imponente y su porte orgulloso reflejaban años de lealtad inquebrantable hacia Max. A pesar de ser un ser oscuro, había algo en él que denotaba respeto, no solo por Max como su líder, sino también por la historia compartida entre ambos.
Oscar avanzó sin apresurarse, con la postura de un servidor fiel. Sosteniendo un rollo de pergamino en sus manos, lo ofreció a Max sin decir palabra. Sabía que las acciones hablaban más que las palabras en estos momentos.
Max no mostró sorpresa al recibirlo. Sabía que no era cualquier mensajero, ni cualquier mensaje. El mensajero que traía el mensaje, o más bien, lo que traía, era suficiente para alterar la calma del infierno. Con una calma casi calculada, Max desenrolló el pergamino, observando la caligrafía con atención.
Al principio, sus ojos se movieron rápidamente sobre las palabras escritas. Sin embargo, conforme las leía, algo dentro de él se tensó. La comunicación era breve y directa, lo que indicaba la urgencia de la situación.
“Vettel, el ángel de la luz, desea hablar contigo en la tierra mortal, en el bosque cerca de la vieja iglesia. Es urgente. - V.”
El mensaje, sin lugar a dudas, era claro. Sin embargo, Max no podía evitar preguntarse por qué un ángel de la luz, un ser tan apartado de las sombras, querría hablar con él. Los ángeles, aunque divididos en facciones y frecuentemente en conflicto, no buscaban contactar al infierno sin un propósito concreto. ¿Qué tenía Vettel en mente?
La chispa de irritación que había comenzado como una pequeña llama en su pecho fue creciendo, alimentada por la intriga y la sospecha. Max había sido un observador perspicaz a lo largo de los siglos, y algo en la formalidad de ese mensaje le hizo pensar que no era solo una simple llamada para una conversación. La palabra "urgente" resonaba en su mente, dándole un matiz ominoso. La situación no era tan sencilla como parecía.
Con una ligera sonrisa sombría, Max se levantó de su asiento de madera oscura, el cual había ocupado durante horas mientras contemplaba las entrañas del universo. Sus ojos, de un tono profundo y calculador, se posaron brevemente en el fuego que crepitaba en la chimenea. El calor de las llamas, aunque presente, no parecía alcanzarlo de la misma manera. Algo lo distraía, algo que venía de fuera de los muros del infierno. Una sensación extraña lo recorrió, una sensación de que el tiempo que había estado en el infierno estaba comenzando a agotarse.
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𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏
Science Fictionjamás imagino que al aceptar el reto de invocarlo, encontraría a quien sería su alma gemela. Un amor oscuro y destinado pondrá a prueba todos sus límites. ⛧⛧⛧⛧⛧⛧ pareja principal: Chestappen pareja secundaria: Charlos
