XVII

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Tras recorrer varios rincones del infierno, Max y Checo llegaron a un lugar que parecía distinto a todos los demás, aunque igual de sombrío. Ante ellos se alzaba una gran puerta de hierro, adornada con símbolos que brillaban débilmente, casi imperceptibles entre la oscuridad. Max se detuvo frente a ella y miró a Checo con una expresión que mezclaba tranquilidad y determinación.

- Y volvemos al inicio - dijo Max, señalando la puerta. - Mi oficina. Es donde todo comienza y donde todo termina. -

Checo observó atentamente la puerta antes de mirar a Max. Algo en su tono había cambiado, como si estuvieran llegando al final de este viaje. Un sentimiento agridulce se instaló en su pecho, la idea de tener que despedirse de este lugar extraño y aterrador que Max le había mostrado lo hacía sentir una mezcla de nostalgia y pérdida. Sin embargo, no dijo nada, prefirió permanecer en silencio mientras Max abría la puerta.

Dentro de la oficina, el ambiente era inconfundible. Las paredes estaban decoradas con libros y documentos, viejas reliquias y mapas que representaban diferentes dimensiones y mundos. Era un lugar que transmitía poder y conocimiento, pero también un aire de soledad, como si Max hubiera pasado incontables horas allí, solo, observando las decisiones del mundo desde su trono.

Max caminó hacia el centro de la habitación y se giró hacia Checo, con una leve sonrisa.

- Es hora de regresar a casa, Checo - dijo, con una seriedad en su voz que hizo que Checo sintiera una especie de inquietud. Aunque sabía que era un viaje inevitable, no podía evitar sentirse renuente. Había algo en el infierno que lo mantenía unido a Max, como si, al salir de allí, dejara atrás algo que aún no comprendía por completo.

Checo asintió en silencio, pero en sus ojos brillaba una pequeña chispa de incertidumbre. Sin embargo, sabía que este era el momento. No había vuelta atrás, y aunque el regreso le parecía extraño, también sabía que no quería seguir allí para siempre.

Sin decir una palabra más, Max tomó la mano de Checo. Un suave pero palpable poder fluyó entre ellos, un aura negra comenzó a envolvérselos, sumergiéndolos en una oscuridad profunda que no era aterradora, sino más bien reconfortante. A medida que la energía los rodeaba, Checo sintió que el infierno se desvanecía, reemplazado por una sensación de ingravidez, como si estuvieran flotando en el vacío.

La oscuridad los consumió por completo. Y entonces, como si nunca hubieran estado en el infierno, todo se desvaneció.

De repente, el aire fresco y denso de la Tierra los envolvió, y la luz de un lugar familiar los cegó por un momento. Al abrir los ojos, Checo se dio cuenta de que ya no estaban en el infierno, sino en un lugar que le resultaba extraño, pero a la vez conocido. Estaban en una bodega, con las paredes de ladrillo y el techo bajo. La única fuente de luz provenía de una ventana rota que dejaba pasar la luz de la luna.

Max, sosteniendo su mano, observó a Checo con una expresión que, aunque calmada, reflejaba algo de preocupación.

- Este es el lugar donde comenzaste todo, Checo - dijo en un tono bajo, casi en un susurro, mientras su mirada se detenía en la bodega.

Checo, por su parte, no pudo evitar sentir una ola de recuerdos que lo invadieron. Este lugar, aunque alejado de las llamas del infierno, era igualmente oscuro en su propio sentido. Era la bodega de su casa, el lugar al que sus padres lo habían enviado para encerrarlo cuando sus acciones los habían llevado a perder toda confianza en él. Era el lugar que lo había visto atrapado por sus propios errores, un lugar en el que había sido castigado por sus malas decisiones.

𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora