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Los años pasaron, y el tiempo en el Infierno se volvió una mezcla de rutina y momentos especiales que marcaron la vida de sus habitantes. Patricio, el hijo de Max y Checo, había crecido rodeado de amor y cuidado. Desde pequeño, Pato siempre estuvo acompañado por Mick y Oscar, quienes, a su manera, habían asumido el papel de hermanos mayores, aunque sus dinámicas fueran distintas.
Mick, siendo el más cercano en edad, había desarrollado un lazo especial con Pato. Desde sus primeras palabras hasta sus intentos torpes de controlar sus pequeñas pero prometedoras habilidades demoníacas, Mick siempre estuvo ahí, siendo su compañero de juegos y aventuras. Oscar, por otro lado, tenía una conexión más profunda y emocional con Pato. Aunque aún no entendía completamente la naturaleza de esa conexión, siempre había sentido una necesidad innata de protegerlo y asegurarse de que estuviera feliz.
Para Max y Checo, ver crecer a su hijo había sido un regalo único. Aunque el Infierno seguía siendo un lugar de sombras y poder, el pequeño príncipe había traído una luz que lo transformaba en algo más cálido y vivo.
Pato, ahora un adolescente, mostraba características de ambos padres. Había heredado la determinación y el liderazgo natural de Max, así como el carisma y la calidez de Checo. Sus habilidades demoníacas también habían comenzado a desarrollarse, y aunque aún estaban lejos de alcanzar todo su potencial, ya era evidente que sería un príncipe formidable cuando llegara su momento.
Mick y Oscar se habían convertido en sus compañeros inseparables. La diferencia de edad entre ellos parecía no importar, y juntos formaban un trío único. Mick, siempre curioso y travieso, animaba a Pato a explorar los rincones del Infierno que aún no conocía, mientras que Oscar, más sensato, los mantenía fuera de problemas, aunque a menudo terminaba siendo arrastrado a las travesuras.
Una tarde, los tres estaban en los jardines infernales, un lugar lleno de plantas oscuras y árboles que brillaban con una luz roja tenue. Pato estaba practicando una habilidad nueva que Max le había enseñado: crear pequeñas explosiones de energía.
— ¡Cuidado con dónde apuntas, Pato! — gritó Mick, esquivando por poco una chispa que pasó demasiado cerca de su cabeza.
— Lo siento, Mick, aún estoy aprendiendo — respondió Pato, riendo mientras trataba de controlar el flujo de energía en sus manos.
Oscar, sentado en una roca cercana, los observaba con una mezcla de diversión y preocupación.
— Deberías concentrarte más, Pato. No querrás incendiar el jardín otra vez — dijo Oscar, recordando un incidente reciente que había resultado en una reprimenda de Max.
— ¡Eso fue un accidente! — protestó Pato, aunque no pudo evitar reír al recordar cómo Checo había tenido que intervenir para apagar las llamas con una lluvia infernal improvisada
Por las noches, el palacio del Infierno se llenaba de risas y conversaciones. Max y Checo siempre se aseguraban de que, a pesar de sus responsabilidades, hubiera tiempo para estar en familia. A menudo se reunían en la gran sala principal, donde Checo preparaba cenas que, aunque simples, estaban llenas de amor.
— ¿Cómo te fue hoy con tus prácticas, Pato? — preguntó Max una noche, mientras servía a Checo un poco de vino infernal.
Pato se encogió de hombros, mirando su plato.
— Creo que estoy mejorando, pero Mick sigue burlándose de mí cuando fallo. —
— ¡Porque es divertido! — interrumpió Mick, riendo, pero se detuvo al recibir una mirada de advertencia de Checo.
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𝑻𝒉𝒆 𝑫𝒆𝒗𝒊𝒍'𝒔 𝑫𝒂𝒓𝒆 | 𝑪𝒉𝒆𝒔𝒕𝒂𝒑𝒑𝒆𝒏
Ciencia Ficciónjamás imagino que al aceptar el reto de invocarlo, encontraría a quien sería su alma gemela. Un amor oscuro y destinado pondrá a prueba todos sus límites. ⛧⛧⛧⛧⛧⛧ pareja principal: Chestappen pareja secundaria: Charlos
