Charlie se despertó pasadas las diez de la mañana. Con el rostro marcado de prominentes ojeras, la escritora se levantó hacia la cocina para hacerse algo para comer aunque era mucho más la inapetencia que tenía, sin embargo, llevaba demasiado tiempo sin tomar el desayuno, así que al menos debía intentar consumir algo.
Ya habían pasado varios días desde la última conversación que tuvo con Alastor y sencillamente no se encontraba bien.Apenas había podido conciliar el sueño las últimas noches, dando vueltas interminables en su cama hasta que llegaban las cinco de la mañana y su cuerpo exhausto, se quedaba dormido hasta el mediodía, impidiendo que pudiera levantarse de la cama al menos por una hora más, lo que la llevaba a no comer de forma adecuada todas sus comidas.
Con un suspiro agotado, se sentó en el comedor, rodeada de papeles y bocetos que aún no habían sido presentados. Tenía cerca de una semana sin ir a la oficina pero habiendo terminado sus proyectos, tampoco era que la necesitaran al 100% alli. Hubiera deseado al menos algo en que trabajar para enfocar su mente pero ni siquiera eso tenía, así que encerró su rostro entre sus manos con desesperación, sin saber qué hacer.
Estaba agotada física y emocionalmente, habiendo pasado el tiempo llorando y con pensamientos horribles que no parecían tener fin. Su corazón y su alma estaban rotos por lo que había hecho, y la imagen de Alastor, con su gélida mirada se repetía en su mente como un eco doloroso. Lo peor, es que fue su culpa. Apenas pudo conciliar al sueño, dado que su mente repasaba cada momento de esa separación y una punzada de culpa la atravesaba, convencida de que él ahora la odiaba. La idea de haberlo alejado, de haberlo enojado, era una carga que no podía soportar.
A pesar de su dolor, Charlie intentó consolarse con la idea de que había tomado la decisión correcta. Era lo mejor, después de todo. Alastor jamás podría abandonar sus votos con la iglesia, y ella solo era una mujer mundana, una escritora sin futuro que a duras penas podía manejar una columna semanal mientras evadía el legado de sus padres, el cual le dejaba asegurada una vida de éxito y reconocimiento.
Pero ella decidió seguir sus sueños, de tener una vida libre y construida por sus propias manos ¿Pero que cosas buenas le había traído eso? El comentario de Vaggie también flotaba en su mente, haciéndola sentir como una impostora, una carga para aquellos que la rodeaban, arrastrando a otros con su propia irresponsabilidad y falta de dirección. La amargura se apoderaba de su corazón, y cada pensamiento era una punzada de desesperación.
¿Qué había hecho bien? ¿Había algo bueno que hubiera logrado en su vida? ¿Algo que pudiera decir con orgullo? Esas preguntas la atormentaba, y el silencio de la noche parecía burlarse de ella, recordándole cada error, cada decisión equivocada. Se sentía atrapada en un ciclo interminable de autocrítica y desesperanza, donde cada intento de avanzar solo la hacía sentir más perdida. La soledad se cernía sobre ella como una sombra, y aunque sabía que había hecho lo correcto, el precio que había pagado era demasiado alto. La idea de ser solo una escritora anónima, una voz más en el bullicio del mundo, la llenaba de tristeza.
Lo mínimo que podía hacer era al menos verificar el estado de la fundación y que cosas habían por hacer, también necesitaba saber qué había estado haciendo Sir Pentious fuera de la ciudad, era lo mínimo que podía hacer y sería una buena forma de distraerse de lo que le pasaba.
Así fue como terminó comiendo un par de huevos con pan y fue a ducharse para maquillar su lamentable ser e intentar lucir presentable en su visita. Era un gran alivio que el orfanato y la iglesia estuvieran de polo a polo, había evitado salir durante tantos días por el simple temor de encontrarlo de nuevo, pero mientras iba de camino en su auto, Charlie estaba clara que no podría escapar mucho más, en menos de una semana sería el gran acto por el aniversario de la fundación de la iglesia y donde tendrían que presentar la revista conmemorativa que trabajaron juntos, y aunque quisiera excusarse, no podría hacerlo.
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Divino pecado
FanfictionEn un pequeño pueblo de la vieja Luisiana donde las tradiciones se entrelazan con los secretos más oscuros, Charlie, una escritora de novela rosa, se encuentra atrapada en un bloqueo creativo. Desesperada por inspiración, su vida da un giro inespera...
