El amplio salón del ayuntamiento vibraba con murmullos animados mientras figuras destacadas del pueblo se acomodaban en sus sillas. La atmósfera estaba cargada de expectativa, y las luces brillantes iluminaban el lugar, reflejando la importancia del evento que estaba a punto de comenzar. En la mesa de honor, Charlie y Rosie intercambiaban miradas nerviosas, esperando la llegada de los oradores centrales para dar inicio al bautizo de la revista conmemorativa.
—No te pongas nerviosa, cariño —susurró Rosie, tratando de infundirle confianza—. Has hecho un excelente trabajo y todo estará bien.
Sin embargo, las palabras de Rosie apenas alcanzaron a penetrar la mente de Charlie. Su mente divagaba lejos de la revista y de las palabras que debería pronunciar. En lugar de eso, estaba atrapada en un torbellino de pensamientos sobre Alastor, preguntándose cómo haría para mantener la calma al estar sentada al lado de él frente a tantas personas. Habían pasado casi una semana desde su encuentro en la editorial, y en ese breve momento no intercambiaron más que una mirada fugaz antes de que ella misma huyera del lugar. Desde entonces, sus caminos no se habían cruzado, cada uno sumido en sus propias obligaciones y Charlie pensaba si en verdad podría hacerlo. Quizás, pensó, al estar rodeados de tantas personas, la interacción no sería tan incómoda como había imaginado.
Pero cuando Alastor finalmente entró al salón, acompañado del alcalde Zestial, una oleada de nervios la golpeó. Las miradas del público se dirigieron hacia ellos, y en ese instante, sus ojos se encontraron. La intensidad de su mirada hizo que Charlie se sintiera expuesta, y rápidamente desvió la vista, incapaz de sostenerla por el rubor y la incomodidad que la invadía. La expresión de Alastor no cambió, sentándose en silencio en el podio de invitados, justo a su lado, como si su presencia no le incomodara. Aun así, la escritora no pudo evitar pensar que ese momento era mucho más incómodo de lo que había anticipado.
Mirando un anticuado reloj de bolsillo, la atención del alcalde Zestial se enfocó en la sala repleta de personas, entonando su voz frente al micrófono.
—¡Bienvenidos a todos! —exclamó, sonriendo a la multitud—. Hoy celebramos un hito importante en nuestra comunidad: el bautizo de esta maravillosa revista conmemorativa, que honra los 150 años de la Iglesia del Sagrado Corazón. Un aplauso para esta valiosa iniciativa tomada por nuestra editorial Saint Laurent y nuestro estimado Obispo Alastor Gallow.
Los presentes rompieron en aplausos y unas recatadas ovaciones mientras Charlie se encogía un poco en su asiento. Con un gesto de su mano, el alcalde retomó la atención de todos, continuando sus palabras:
—Es en verdad un placer ver a tantos rostros conocidos y a nuevos amigos aquí con nosotros. Parece como si fuera apenas ayer cuando inicie mi proceso de campaña en este jovial pueblo, han sido ya quince años siendo alcalde de la localidad de...
Mientras Zestial hacía un recorrido sobre su carrera politica, Charlie se sentía atrapada en un torbellino de emociones. Estaba sentada justo al lado de Alastor, y su presencia era abrumadora. Su corazón latía con fuerza, y las manos le sudaban, incapaces de encontrar un lugar cómodo. Las miradas de los asistentes se deslizaban de vez en cuando hacia ellos, y cada vez que sentía una mirada, su estómago se retorcía. La tensión la envolvía, y se preguntaba si podría soportar la presión de estar tan cerca de él, su tacto caliente, el nítido aroma de incienso y café que siempre tenía... todo eso la estaba mareando. Sus pensamientos se centraban en Alastor, en su rostro serio y en la distancia emocional que los separaba. Era como si el mundo se hubiera desvanecido a su alrededor, y todo lo que podía pensar era en él. Había hecho tanto para permanecer quieta, sujeta a lo que se había marcado para no causarle problemas, pero estaba siendo tan difícil luchar contra sus propios sentimientos.
Justo cuando estaba a punto de perderse por completo en sus pensamientos, la voz de Zestial la trajo de vuelta a la realidad.
—He quedado verdaderamente impresionado por el esfuerzo y dedicación que esta joven ha puesto en el proyecto, reflejando el pasado, la evolución y los testimonios tan conmovedores de nuestros estimados feligreses, capturando así la verdadera esencia de la fe dada por nuestra iglesia y su impacto en la comunidad. Es un trabajo digno de reconocimiento, por ello, me gustaría invitar a la creadora de la revista a compartir unas palabras con nosotros.
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Divino pecado
FanfictionEn un pequeño pueblo de la vieja Luisiana donde las tradiciones se entrelazan con los secretos más oscuros, Charlie, una escritora de novela rosa, se encuentra atrapada en un bloqueo creativo. Desesperada por inspiración, su vida da un giro inespera...
