La puerta del despacho se cerró detrás de Charlie, y el silencio se apoderó del pasillo. La joven institutriz permaneció un breve instante en ese lugar antes de iniciar a caminar hacia el final del pasillo y detenerse súbitamente en la entrada de la casona.
—¿Cuánto más tiempo vas a estar aquí? —preguntó Vaggie, su voz cortante resonando en el aire—. Obispo Gallow.
Alastor, que permanecía recostado contra la pared, se incorporó con una sonrisa singular en su rostro, una expresión que parecía impertinente y socarrona, algo que Vaggie odiaba siempre de él.
—Ah, señorita Vagatha—respondió él, su tono melodioso pero cargado de un matiz petulante—. Siempre es un placer verte de nuevo, pensé que estaba en su oficina o realizando cualquier otra actividad.
Vaggie frunció el ceño al verlo ahí, tan molesto y arrogante como siempre. Desde que lo vio por primera vez, había tenido un mal presentimiento sobre él. Había algo extraño en el obispo que le hacía sentir repulsión. Aunque nunca habían interactuado demasiado, ese sentimiento nunca desapareció. Sin embargo, cuando fue al evento benéfico del orfanato y lo vio tan cerca de Charlie, todo ese sentimiento de alarma regresó de golpe.Cruzándose de brazos, lo miró con desdén.
—¿No había terminado ya sus asuntos aquí? ¿Qué hace aún dentro de la propiedad? —preguntó de forma directa. Alastor, manteniendo su sonrisa, respondió de manera respetuosa pero tajante.
—Eso no es de tu menester, querida. Más bien, deberías alegrar ese furioso rostro tuyos, no estás completamente vestida si careces de una sonrisa —comentó jocoso mientras le pellizcaba una mejilla.
La expresión de Vaggie se endureció y se alejó del toque del hombre como si fuera un leproso. No tenía intención de ocultar su hostilidad.
—¡Si es asunto mío! —bramo apenas conteniéndose —, soy la segunda responsable del orfanato y mientras permanezca aquí, debe tener un motivo para permanecer—replicó, su voz firme—. Así que si no tiene nada mejor que hacer, sería mejor que se retirará.
El obispo la observó, su mirada tranquila y analítica. Este llevo sus manos detrás de su espalda, mirándola de lado.
—No tienes de qué preocuparte, querida —dijo, con un tono que parecía burlarse de la situación—. Solo tengo un asunto pendiente que resolver con la señorita Morningstar. Una vez salga me retiraré.
La mención de su amiga enfureció a la institutriz. Intentando disimular su molestia, le respondió con frialdad.
—Charlie ha venido por otro asunto —le dijo—. Así que si eso es lo único que te detiene, busca otro momento para hablar con ella.
El aire entre ellos se volvió denso, cargado de tensión. La brisa movió las hojas de los árboles cercanos, así como el cabello de la joven morena, quién esperaba que ese hombre se fuera de una vez. Pero contrario a lo que ella deseaba, esté soltó una rosa ligera y empezó a acortar las distancias entre ellos.
—Que considerada, casi podría entregarte la insignia de la consideración querida —comentó con claro sarcasmo en su expresión —. Pero ambos sabemos que hay un motivo ocultó detrás de tus reservas a todo lo que gire en torno a la señorita Morningstar...
Un escalofrío surco su espalda y se quedó quieta en su espacio. Aprovechando su reacción, el obispo se acercó a su oído, diciéndole algo.
—Será mejor que te revises a ti misma antes de molestar a los demás ¿No crees?
Y con una sonrisa de lado a lado, Alastor se retiró del lugar, abandonando a una conmocionada Vaggie que apenas podía procesar las palabras que había escuchado.
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Divino pecado
FanfictionEn un pequeño pueblo de la vieja Luisiana donde las tradiciones se entrelazan con los secretos más oscuros, Charlie, una escritora de novela rosa, se encuentra atrapada en un bloqueo creativo. Desesperada por inspiración, su vida da un giro inespera...
