creo que es final

16 0 0
                                        

Tal vez tengo muchas preguntas de las cuales yo no debería intentar buscar respuestas porque no me corresponden a mí buscarlas, sobre esforzarme o incluso pensar en ellas. Costo mucho poder saber esto y el como esa parte de mi me saborea siempre me pregunté lo mismo e incluso pregunté mal. La respuesta jamás iba a llegar porque no tenía punto de comparación o sentido en las situaciones que yo estaba pasando, cometiendo los mismos errores y hasta peores, nuevos y escarbando más profundo.
Pensando que eso me llevaría a algún lugar, dónde nunca fue así, solo me hundía más, aquella habitación que en algún momento estuve, solo era el espejismo de una ilusión, sin sueños, sin voz, sin voto e incluso sin cuerpo. Muebles viejos, sueños viejos, los mismos inicios, los mismos finales. Los mismos obstáculos sin sentido, finales infelices, nada recolectado todo producto de una ilusión ajena, tan nostálgica y deprimente, muebles rotos y repletos de cosas inservibles, sin sentido alguno, tratando de mantener la esencia de algo que nunca existió en mí...
Y tampoco importa de quién era, ese ni espejo era, alguien o algo  estaba detrás que cada  vez que me "miraba" ahí aparecía, no veía mi reflejo y tampoco me sentía yo. Era como si viviera en una piel que no era mía, en una mente que no me dejaba expresarme. Todo le daba miedo, envidia, lujuria...
Me quebraron y me tiraron en el rincón de aquella habitación, sin luz, con una ventana falsa, todo oscuro, sucio y roto. Pero algo salió mal la puerta estaba entreabierta, veía una luz, pero el miedo me consumía, el terror de estar sola me convencía en quedarme en esa esquina con las voces, sombras y pesadillas, pero que tonta... No solo ellos me negaron la felicidad al final yo vivía por medio de algo que no existía. Por eso sentir mis propias emociones me abrumaba, cuando me di cuenta que podía caminar me derrumbaba, me detenia, me paralizaba. No entendía porque yo solita me empujaba, calmé, él me escucho y me ayudó no le importo cuántas veces yo caía porque el nunca me soltó, ni me juzgo, tampoco me castigo, aún cuando yo tomaba mis decisiones, pero hoy decido salir de ese rincón, de esa habitación, donde yo no pertenezco, me rasgo las vestiduras que no me pertenecen y dejare que Dios trabaje en mí. Porque Dios no es una emoción es una decisión. Cerrando la puerta sin mirar atrás levanto mi cabeza ante este mundo injusto e imposible. Pero tomando la mano del Dios justo y de imposibles porque se que él estará delante y conmigo.

soledadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora