Roma
El cielo estaba tan gris como mi ánimo de esa semana. Las nubes colgaban pesadas sobre la playa secundaria, esa que siempre olía a protector solar vencido y papas fritas recalentadas. El viento no ayudaba: traía olor a mar y tensión. Y yo, sinceramente, hubiera preferido un tornado antes que esto.
—¿Por qué siento que vamos a morir hoy? —pregunté, mirando al cielo como si pudiera advertirme con una señal.
—Porque estamos con Lolo —respondió Ted, con su tabla bajo el brazo y esa sonrisa de “nada va a pasar” que usaba justo antes de que todo explotara.
Y como si lo hubiéramos invocado, Lolo apareció caminando por la arena como quien entra a un reality show. Traía puestos sus lentes de sol carísimos, aunque el cielo estaba nublado, lo cual lo dejaba expuesto a que los utilizaba por pura fachada, y en la mano tenía su cuaderno negro y una bebida de piña en vaso biodegradable. Todo muy Lolo.
—Escuchen, equipo Azul —dijo, deteniéndose justo frente a nosotros con una sonrisa que no prometía nada bueno—. Hoy se juega el primer amistoso contra los Rojos.
Pausa.
El viento se llevó un par de hojas de su cuaderno, pero nadie se movió. Estábamos paralizados. Como en esas películas donde el mundo se congela justo antes de que el protagonista diga “esto no puede estar pasando”.
—¿Los Rojos… Rojos? —preguntó Justin, frunciendo el ceño.
—Sí, los de Priscila y Owen —confirmó Lolo, sin una pizca de compasión en su tono.
Mi corazón dio una voltereta triple y aterrizó de cara en la arena. Priscila. Owen. Genial. Como si la semana no fuera lo suficientemente caótica, ahora iba a tener que enfrentarme al dúo dinámico.
—¿Y cómo se va a decidir quién compite? —preguntó Eric, con esa energía de “si vamos a morir, al menos déjenme saber cómo”.
Lolo hojeó su cuaderno como si fuera el director de una obra de teatro.
—Cada equipo elige dos duplas. Una femenina y una masculina. El equipo contrario hace lo mismo. El enfrentamiento es uno a uno. Observación, estrategia, cabeza fría. No es solo surf, es liderazgo. Y sobre todo: es demostrar que están a la altura.
—Yo propongo a Noah para competir —dijo Nani sin dudarlo. Su tono sonó como un voto de confianza, pero también como quien lanza al tributo en Los Juegos del Hambre.
—Sí, tiene lógica —agregó Justin—. Noah contra Owen. Exlíder contra exlíder. Historia resuelta en el agua. Próxima peli.
Todos asintieron. Incluso Noah, que apenas levantó la vista de su bebida energética como si esto fuera un trámite.
—¿Y la otra parte dupla? —preguntó Ted, mirando alrededor.
Silencio. De esos incómodos. Como cuando mencionan a tu ex en una cena familiar. Mis ojos se movieron directo a Lolo, justo cuando me apuntó con su sorbete biodegradable. Maldito señor.
—Roma —dijo Noah, con una media sonrisa que dolía más de lo que debería—. Ella puede hacerlo. Lo está dando todo últimamente.
—Genial —murmuré, sin nada de entusiasmo. Por dentro, quería construir una cabaña bajo la arena y no salir nunca más.
—Entonces queda definido —dictó Lolo como un juez—. Noah y Roma compiten por el Azul. Owen y Priscila por los Rojos.
Mi estómago se hizo un nudo. Iba a enfrentarme a la chica que nunca creyó que Noah la dejaría, y al chico que todavía me dolía en lo más profundo del pecho.
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Efectos Secundarios ©
Roman d'amourNoah aprendió a hacer reír a Roma antes de decir "papá" por primera vez. Siempre fue consciente de la existencia de algo especial en su amistad, pero cuando se reencuentra con ella luego de dos largos años en su casa de verano, se da cuenta de que s...
