La última ola
El cielo estaba teñido de naranja. El mar se movía distinto. Más bravo, más vivo. Y yo... yo tenía el corazón latiéndome en la garganta. Era el último día. La competencia grande. El torneo por el que todos entrenamos desde que llegamos.
Pero no era solo eso.
Era mi cierre. Mi ola.
Estábamos reunidos sobre la arena con el equipo azul. Nani ajustaba su tobillo con fuerza. Ted hacía bromas para alivianar la tensión. Justin se colocaba protector solar como si su vida dependiera de ello.
Y Noah...
Noah solo me miraba. Con esa mezcla de orgullo y tranquilidad que me calmaba más que cualquier palabra. No me había dicho nada desde la noche anterior. No necesitaba hacerlo. Ya lo habíamos dicho todo con el cuerpo.
—¡Amiga! —la pequeña de siempre vino correteando, torpe—. Miren, ella es mi amiga —la niña me señaló, orgullosa, presumiéndome delante de sus nuevas amigas.
—Hola, cariño —el abrazote de las minis surfistas me llenó el alma—. Hola a ustedes también, son hermosas.
—Vieron, yo les dije que Romita es una chica grande cool.
Casi que muero con su expresión y sus amigas rieron a la par. Noah de fondo, presenciando todo. Las niñas se van al ser llamadas por Lolo y él se me queda mirando. Me da un beso en la frente y dice:
—Hostia que se te da bien.
—¿El qué? —vacilé.
—Los niños te adoran. Tienes como un imán con ellos.
No me lo tomé en serio, pero había algo en mis corazonadas que me decía que sí.
—Solo... no me dejes sola ahí afuera, ¿sí? —le susurré, como si no supiera que él jamás lo haría.
—Voy a estar en cada ola, Roma. Aunque no me veas.
Lo abracé. Solo un segundo. Justo cuando Lolo se acercó para anunciar que nos tocaba entrar en veinte minutos.
Caminé hacia las tablas. Tenía los brazos helados, aunque hacía calor.
Y ahí lo vi.
Owen.
Parado al borde del pasillo de piedrecillas que daba al jurado. Como si estuviera esperándome. Su cara, la de siempre: mezcla de arrepentimiento mal actuado y soberbia disimulada.
—Roma, espera —dijo, dando un paso hacia mí—. Princesa...
Levanté una mano. No como saludo. Como límite.
—No.
—Solo quiero...
—Ya no necesito que me expliques nada —lo corté—. No busco disculpas. No me interesa tu versión. Creo que ya somos personas grandes, Owen. Preferiría que dejes de insistir en donde no te llaman.
Solo quiero que, por una vez, entiendas que no tienes ningún derecho a ocupar más espacio del que ya ocupaste.
Me miró como si no lo esperara. Como si aún creyera tener poder sobre mí. Pero no dijo nada más. Y yo pasé de largo. Por mí.
Cuando entré al agua, no pensé en el jurado. Ni en el público. Pensé en las veces que quise escapar de mí. Pensé en la niña que no se animaba. En la adolescente que callaba por miedo. Y en la mujer que estaba ahora, remando con fuerza, sin nadie que la arrastre.
La primera ola me fue bien.
La segunda, mejor.
Pero en la tercera...
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Efectos Secundarios ©
RomanceNoah aprendió a hacer reír a Roma antes de decir "papá" por primera vez. Siempre fue consciente de la existencia de algo especial en su amistad, pero cuando se reencuentra con ella luego de dos largos años en su casa de verano, se da cuenta de que s...
