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Roma

Tenía los ojos hinchados. Mamá y papá no sabían lo que me estaba ocurriendo, no llegaron a verme temprano en semejante estado por no dormir, parte culpa de mi ansiedad, y otra parte, por pensamientos intrusivos y autodestructivos. Supuse que Eric sí, apenas bajé a desayunar me aclaró que Noah ya estaba con los niños remarcando que no había chance de que me lo cruzara. Me pregunté qué le habrá contado él acerca de lo que sucedió, pero no dije nada al respecto.

Con puros pensamientos de mierda de la noche transcurrida todavía en mi mente, pensé el hecho de retomar la psicóloga. Desde que arranqué el año pasado por como me... me sentía y simplemente me respondía a todo con un "mhm" "Ajá" "Ya", siempre supe que nunca me serviría la terapia, al menos no con esa psicóloga.  Necesitaba algo mucho más activo. Por lo tanto, mis cambios con ella eran sumamente insignificantes, lo que llevaba a desmotivarme, desganarme y terminar peor que antes.

—Sé que seguramente lo quieras evitar, conociéndote —Le dio justo en el blanco—, pero se aproxima el torneo y no los podemos arruinar a los chicos por un... malentendido o como quieras llamarlo. Puedes pedirle tus instrucciones a Ted o a... Justin, ¿quizá?

—No tenía en mente no ir a entrenar —dije mientras servía un poco de leche blanca a mi vaso—, sé lo importante que es para Noah eso.

—¿Que vayas tú en específico o el torn...?

—El torneo, Eric. Solo el torneo.

—Bien. Desayuna y vamos juntos entonces.

En lo que acabé el desayuno, ya tenía a mamá acorralándome en la cocina, venía con un enorme cuaderno que parecía bastante viejo, pero de algún lado lo tenía de vista.

—Me siento totalmente angustiada porque mi hija no me dijo nada de su amorío con el querido Noah y...

A ella no le podía mentir.

—Mamá —ese fue el primer llamado.

—Y, para demostrarte que esto viene de hace mucho tiempo, quería mostrarte que...

—Mamá —segundo llamado.

—Que él te escribía de pequeño y te hacia dibujos aquí, mira, mira.

—¡Mamá! —Okey, estaba bastante estresada. No había ni si quiera registrado lo que me había dicho Jade hasta que abrió el cuaderno y me lo enseñó—: ¿Qué es...? Oh, Dios.

Mis manos temblaron. Los dibujos eran infantiles, con líneas torpes y colores desprolijos, pero el mensaje detrás de ellos era claro. Mi nombre aparecía en varias páginas, acompañado de pequeños corazones y frases mal escritas como: "Para Roma, la niña más mucho linda del mundo" o "Cuando seamos grandes, te voy a casar."

Me quedé muda. Todo el caos mental que había arrastrado desde la noche anterior se esfumó por un instante. Era imposible no sonreír un poco al imaginar a un pequeño Noah, sentado en su habitación, haciendo estos dibujos con una seriedad que ahora parecía absurda.

—¿Noah hizo esto? —pregunté, aunque la respuesta era obvia.

—¿Quién más? —respondió mamá, con una sonrisa que parecía disfrutar de mi reacción—. Siempre estuvo detrás de ti, Ro, desde que aprendió a surfear, mira tú el tiempo.

No sabía qué decir. Lo único que podía pensar era en cómo todo esto encajaba con lo que había pasado entre nosotros en los últimos días. Sus palabras, sus miradas… ¿Siempre había sido así conmigo y yo simplemente nunca lo noté?

Efectos Secundarios ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora