Roma
Ya era de noche cuando salí al porche. El cielo seguía cubierto, pero la lluvia había parado. Noah estaba ahí, sentado en las escaleras, con la capucha su sudadera caída y las manos entrelazadas sobre las rodillas. Me acerqué sin hacer ruido y me senté a su lado. No dijo nada al principio. Solo me miró, con esos ojos tranquilos que siempre parecían esperar.
—Gracias por corresponder al beso al frente de todos y por... —le dije, bajito.
—No hiciste nada que no fueras capaz de hacer sola.
—Pero lo hice porque tú me das seguridad. Y eso también cuenta.
Noah bajó la mirada, sonriendo apenas.
—No sabía si podía tocarte después de lo que pasó antes en la playa.
—¿Y por qué no?
—Porque me sentí oculto mucho tiempo. Y ahora que ya no lo estoy, no quiero ser invasivo.
Me acerqué un poco más. Apoyé la cabeza en su hombro.
—Eres todo menos eso.
Nos quedamos un rato en silencio, escuchando cómo se movían los chicos, desacomodando las maderas de lo que antes era fuego. Antes de levantarme, le agarré la mano.
—Vamos. No pienso quedarme en una esquina esta vez.
Él se rió, como si no pudiera creerme del todo.
Pero fue.
Y me siguió.
*~*
La lluvia empezó otra vez para el almuerzo del día siguiente. Suave, insistente. Como si el cielo supiera que aquel día no era un día cualquiera.
Estaba en la cocina cortando frutas sin mucha motivación, más que tener las manos ocupadas. Eric merodeaba por ahí, haciéndose el desentendido. Noah escribía algo en su cuaderno, sentado en el sillón del living. Y yo... bueno, yo pensaba en cómo decirlo. Estaba callado, pero sus ojos se encontraban con los míos en cada oportunidad que se presentaba. Sabía que había algo diferente entre nosotros, algo que ni siquiera yo misma terminaba de entender del todo.
Llevaba todo el día ensayando frases en mi cabeza.
"Papá, estoy saliendo con Noah."
"Noah y yo estamos probando algo más."
"Me enamoré de él. Otra vez, pero en serio."
Ninguna me parecía suficiente.
Noah me había dicho que no tenía que hacerlo. Que podíamos seguir así, tranquilos, sin etiquetas ni anuncios familiares hasta que no me sienta segura. Pero yo no quería esconderlo. No esta vez. No con él.
Mamá revisaba unas tazas arriba de la alacena. Will y Alex charlaban cerca del ventanal con sus cafés. Estábamos todos. Esa era nuestra normalidad ahora: una casa llena, compartida, un caos funcional.
La puerta principal se abrió de golpe.
—¿Alguien puede ayudarme, por favor? —gritó papá, medio ahogado por las bolsas.
—¡Llegó el chef! —cantó Will, dejando la taza.
Fui la primera en alcanzarlo. Venía empapado hasta las cejas, con varias bolsas colgando.
ESTÁS LEYENDO
Efectos Secundarios ©
RomanceNoah aprendió a hacer reír a Roma antes de decir "papá" por primera vez. Siempre fue consciente de la existencia de algo especial en su amistad, pero cuando se reencuentra con ella luego de dos largos años en su casa de verano, se da cuenta de que s...
