4

1.9K 209 122
                                        

Noah

Apenas salí de la habitación de Roma, marqué su número y posé el celular en mi oreja. Oí el sonido de llamada en espera hasta que sentí un aliento pesado proveniente del móvil. Realmente no pensé que atendería. De hecho, ya de por sí no creía que estaría despierta a estas horas, es decir, hace poco que hablamos por chat, pero deduje que ya estaba acostada o algo por el estilo, no en la jodida fiesta. No soy tan idiota como para no darme cuenta de que se oye música de fondo.

—¿Estás ahí? —inquirí mientras caminaba hacia mi habitación. Esto de hablar mientras hago otras cosas es mi hobby favorito, lástima que esta vez no me apetecía en lo absoluto.

—Hola, cari —murmuró el apodo abreviado con la voz agitada, supongo que acercando el celular más a su boca para que la pueda oír. Se oía saturada—. ¿Podemos hablar en otro momen...? —intentó decirme, aún seguía agitada, ¿qué le pasaba? ¿Acaso no se preguntaba por qué ya no estaba en la fiesta?

—¿Te encuentras bien? —le pregunté mientras me comenzaba a desvestir, desconfiado de si lo mejor sería hacerlo o no.

—¿Yo? ¿Por qué lo di...? Para —Se oyó como el micrófono del celular se obstruía con algo. Lo siguiente que oí fueron ruidos, no lograba decifrar de qué eran.

—¿Has bebido mucho? ¿Te han hecho algo? ¿Qué pasa? —volví a preguntar y seguía sin obtener respuestas—. Voy por ti —dictaminé colocándome lo primero que vi: unos vaqueros. Lo hice a la velocidad de un rayo, preocupado.

Menuda noche, joder.

—¡No! —fue lo que logré escuchar de su boca—. Estoy perfecta, cari. De verdad. Solo que... nada, acompañé a una amiga a que vomitara, se había pasado de copas y...

¿Qué?

—Me has dicho que pare cuando ni siquiera estaba hablando, estás delirando. Voy a buscarte ya. ¿Dónde estás?

Se volvieron a oír sonidos extraños, pero en esta circunstancia preferí no hacer más preguntas de las debidas. No tenía tiempo que perder. Bajé corriendo las escaleras mientras me subía el cierre del pantalón como podía e hice un gesto de dolor cuando casi me enganché los huevos con él.

—Te he preguntado algo. ¿Dónde estás? —le volví a cuestionar, furioso al oír un suspiro desde el otro lado. Avancé hasta la playa del frente en búsqueda de la moto de urgencias—. Joder, sabes que no me molesta que vayas a donde tú quieras, pero me preocupo por ti. No tengo problema en ir a recogerte a cualquier lado a cualquier hora y lo sabes, pero creo que es un tema de respeto que me digas a donde te puedo encontrar para ver que estés bien y...

—No me trates como una cría, Noah —dijo ella con impotencia—. Yo puedo volver sola y estoy perfectamente. No te necesito a ti ni a...

Me monté en la moto de agua, ni siquiera me percaté de subir la terminación de mis pantalones para no mojarlos.

—Lo sé. Puedes sola. Pero yo no me quedaré aquí durmiendo sabiendo que sigues en esa fiesta sola cuando... —Hubo un loco desquiciado tirando botellas de vidrio porque me besé con su novia— es peligroso, ¿vale? Han reportado que están tirando cosas y...

—Ahora bajo a la puerta del sitio —respondió con desgano y me quedé pensando, ¿bajo?—. Ven si tanto quieres.

¿Por qué siempre respondía tan fatal?

Efectos Secundarios ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora