El suave murmullo de la aldea Konoha se filtraba tenuemente a través de las paredes de su hogar. Para Minato, en su estado actual, incluso el sonido más leve podía sentirse como un golpe. Su cuerpo temblaba con una necesidad profunda, un instinto primario que lo consumía por completo. El anidamiento.
Desde que supo de su preñez, el omega rubio había experimentado oleadas de este impulso, pero ahora, cerca del final de su sexto mes, era casi insoportable. Necesitaba un espacio seguro, un refugio construido por sus propias manos (o bueno, con la ayuda de su alfa), donde pudiera sentirse protegido y preparar la llegada de su cachorro.
Kushina, su alfa, había sido increíblemente comprensiva, aunque al principio le había costado entender la intensidad de la necesidad de Minato. Para ella, una alfa fuerte y decidida, la idea de construir un nido le parecía… primitiva. Pero al ver los ojos azules de su omega llenarse de una angustia silenciosa cada vez que mencionaba el tema, supo que era importante.
- ¿Estás seguro de que necesitas todas estas mantas, Minato?- preguntó Kushina una tarde, observando cómo su omega arrastraba una pila de telas suaves y coloridas hacia la esquina de su habitación.
Su ceño estaba ligeramente fruncido, pero había una ternura innegable en su voz.
Minato asintió con vehemencia, sus feromonas ligeramente agitadas por la ansiedad.
- Necesito que sea suave, amor. Y cálido. Para nuestro bebé.
Kushina suspiró, acercándose para acariciar la mejilla de su omega.
- Lo entiendo, cariño. Lo que necesites.
Y así, la transformación de una esquina de su habitación comenzó. Minato, con la ayuda paciente y a veces torpe de Kushina, empezó a construir su nido.
Utilizaron mantas de diferentes texturas, almohadas suaves, la ropa de Kushina que olía a su alfa reconfortante, incluso algunos de sus viejos jutsus de papel doblados cuidadosamente.
Kushina aprendió rápidamente que no podía simplemente colocar las cosas donde le parecía lógico. Minato tenía un plan meticuloso en su mente, una visión del espacio perfecto para su cachorro. A veces la hacía mover una almohada unos centímetros a la izquierda, o insistía en que una manta en particular debía estar doblada de cierta manera.
Hubo momentos de frustración, especialmente para Kushina, cuya naturaleza impaciente chocaba con la delicadeza del proceso de anidamiento. Pero ver la concentración absoluta en el rostro de Minato, la forma en que sus ojos brillaban con propósito mientras acomodaba cada objeto, la enternecía profundamente.
Entendió que esto no era solo una manía, era una necesidad biológica arraigada en lo más profundo de su ser omega.
Una tarde, mientras Kushina regresaba de una misión, encontró a Minato acurrucado en el nido a medio construir. Estaba rodeado de telas suaves y su rostro reflejaba una paz que no había visto en días. Al acercarse, notó que tenía una de sus chaquetas viejas abrazada con fuerza.
El aroma alfa de Kushina impregnaba la tela, brindándole consuelo.
Kushina se arrodilló junto al nido, sintiendo una oleada de ternura inundarla.
-Hola, mi amor,- susurró, acariciando el cabello dorado de Minato.
Minato abrió los ojos lentamente, una suave sonrisa floreciendo en sus labios.
- Kushina... llegaste.- Sus feromonas se calmaron al sentir la presencia de su alfa cerca.
- Sí. ¿Cómo te sientes?
- Mucho mejor ahora,- respondió Minato, apoyándose en la mano de Kushina. -El nido... está casi terminado. Solo necesito...- Dudó un momento, sus mejillas ligeramente sonrojadas. -...algo más que huela a ti.
Kushina sonrió con cariño. Se quitó el chaleco que llevaba puesto y se lo entregó a Minato.
- Aquí tienes.
Minato lo tomó con cuidado, inhalando profundamente el aroma de su alfa. Lo colocó en un lugar prominente dentro del nido, suspirando de satisfacción. Se acurrucó de nuevo entre las mantas, sus ojos brillando con una felicidad tranquila.
Kushina se unió a él en el nido, sintiéndose un poco extraña al principio, rodeada de tanta suavidad. Pero al ver la relajación en el rostro de Minato y sentir el calor de su cuerpo cerca, entendió el propósito de todo esto.
Este era su espacio seguro, el lugar donde se sentiría protegido para dar a luz a su cachorro. Y ella, su alfa, estaría allí con él, anidada a su lado.
En ese momento, mientras el sol comenzaba a ocultarse y las sombras se alargaban en la habitación, Kushina supo que este nido, construido con amor y necesidad, era mucho más que un montón de telas.
Era un símbolo de su vínculo, de su compromiso de proteger a su omega y a su futuro cachorro. Y ella, como su alfa, no podía imaginar un lugar mejor para estar.
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Omegacember
Random• Son pequeños One-Shots de esta hermosa pareja. • 31 un días,31 One-Shots que van a ver. • Minakushi y/o Kushimina - Minato será omega y Kushina una Alfa .
