—Sé que Anselmo no es un caso perdido, pero necesito que mejore antes de que termine el trimestre.
La voz del director era firme, pero no hostil. Aun así, Darrell sintió que las palabras se le clavaban en el estómago.
—Entiendo, señor —dijo, bajando la mirada.
—Tú ahora tienes buena relación con él, ¿no? —añadió el hombre, entrecerrando los ojos detrás de sus gafas—. Podrías... motivarlo un poco.
Buena relación. Qué chiste.
Dimebag asintió solo porque no sabía qué más hacer. Luego, cuando lo dejaron salir de la oficina, se quedó un segundo en el pasillo vacío, sintiéndose responsable de un incendio que no había provocado, pero del que, de algún modo, sostenía una cerilla encendida.
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Phil no había ido a clases esa semana y a nadie parecía importarle.
A nadie más que a Dimebag.
Así que ese viernes, después de clases, cuando terminó de copiar la tarea de Literatura y la de Biología que los profesores le dieron "para el ausente de siempre", caminó por el vecindario hasta la calle de los Anselmo.
Recordaba bien la casa. Esa vez que lo acompañó con el paraguas bajo la lluvia, Phil caminó con las manos en los bolsillos, en silencio, hasta meterse en la cochera sin decirle ni un adiós.
Tocó la puerta. Tardaron unos segundos en abrir.
La mujer que lo recibió tenía el cabello recogido en un moño despeinado y la mirada ojerosa. Un hombre más atrás, bebiendo una cerveza frente al televisor, ni siquiera giró la cabeza.
—¿Sí? —preguntó la mujer, mirándolo con desconfianza.
—Eh... soy Darrell. Compañero de clase de Phil. Vine a dejarle tarea. Los profesores me lo pidieron.
Ella no sonrió. Ni siquiera asintió. Solo se hizo a un lado.
—Está arriba.
Darrell subió las escaleras lentamente. El ambiente era pesado, cargado de algo más que humo de cigarro o fritura vieja. Era como si la tristeza se filtrara por las paredes. Oyó una discusión apagada desde una habitación cerrada. Una puerta entreabierta al fondo dejaba escapar una tenue nube de humo.
Tocó suavemente con los nudillos.
—Phil... ¿estás despierto?
—Entra —dijo una voz grave desde dentro.
Lo hizo. La habitación olía a marihuana y desorden. Una lámpara colgaba torcida sobre un escritorio lleno de papeles, latas y ceniceros. El colchón, tenía a Phil acostado de lado, sin camiseta, con los brazos detrás de la cabeza y la mirada perdida en el techo.
El tatuaje de Unscarred parecía más oscuro bajo la luz tenue.
—Oh —murmuró Darrell, tragando saliva—. Hola.
Phil giró un poco la cabeza y esbozó una media sonrisa.
—¿Viniste a darme otro sermón escolar, rizado?
—No. Bueno, sí. Pero también traje tarea —dijo, levantando los papeles como escudo.
Phil no se movió. Dio una calada profunda al porro que tenía entre los dedos y exhaló con parsimonia, como si flotara en otro mundo.
Darrell dudó unos segundos antes de acercarse. Puso las hojas en el escritorio, apartando una lata vacía.
—Tu mamá me dejó pasar.
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Crazy Diamond (Philebag)
FanfictionPantera (Phil x Dimebag). CREDITOS A MAGNETA DRAW POR EL FANART
