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-¿Novio? -repitió Vinnie con una expresión que era mitad incredulidad, mitad enfado.

Darrell se encogió de hombros, nervioso, sentado al borde de la cama de su hermano. El cuarto olía a desodorante masculino, la batería en una esquina, las baquetas en la cama y cables enredados. Vinnie tenía una camiseta negra con una calavera y el cabello mojado, recién salido de la ducha.

-Sí... o algo así -admitió el risado, frotándose las manos-. O sea, lo hablamos... Y los dos... sentimos cosas. Creo.

-¿Y ese "los dos" incluye a Phil Anselmo?

Darrell no respondió de inmediato. Miró al suelo. Asintió.

Vinnie exhaló con fuerza, cruzándose de brazos.

-Dimebag... -usó su apodo, lo que significaba que estaba hablando en serio-. No es porque sea un chico. Me da igual si te gusta un chico o una chica, eso no me importa. Pero es Phil. Phil, el tipo que antes nos molestaba, que golpeó a medio colegio, que tiene la cabeza más dura que una piedra. ¿Estás seguro?

-Sí -dijo Darrell con firmeza.

Vinnie se quedó callado. Lo miró un momento.

-Mírame -le pidió-. ¿Estás seguro de que no te está usando? ¿Que no es una fase, un capricho?

-No es eso, Vin. Lo conozco. Es... complicado, sí. Pero también es sincero. Me lo dijo. Que no sabe cómo ser esto, pero que quiere intentarlo.

-¿Y si te rompe el corazón?

Darrell sonrió con tristeza.

-Ya me lo había roto antes... sin saberlo.

Vinnie se pasó la mano por la cara. Suspiró con frustración.

-Voy a decirte algo, hermanito. Si te hace daño, no me importa si mide dos metros o si se cree el rey de los malotes, lo voy a partir en dos. ¿Me entendiste?

Darrell soltó una risita.

-Sí, lo sé.

-Pero si te hace bien... si realmente te trata como mereces, entonces... -Vinnie apretó los labios y miró al suelo, como si le costara decirlo-. Entonces lo aceptaré. No con gusto, pero lo haré.

Darrell se levantó y lo abrazó por los hombros. Vinnie se lo permitió, aunque murmuró algo como marica de mierda entre dientes, sin malas intenciones.

-Gracias -dijo el risado con sinceridad.

Mientras tanto, en otra casa, más oscura y silenciosa...

Phil cerró la puerta de entrada y dejó su mochila en el suelo. El olor a cigarrillos viejos y café quemado flotaba en el aire. Su madre estaba en la cocina, con el pelo desordenado y un cigarro en una mano mientras removía azúcar en una taza con la otra. La televisión murmuraba desde el living.

-¿Qué tal tu día? -preguntó sin mirar, con el tono mecánico de quien pregunta por costumbre, no por interés.

Phil se apoyó en el marco de la puerta, con las manos en los bolsillos.

-Interesante.

-¿Sí?

-Sí. Ahora tengo novio. O algo así, se supone.

La cuchara dejó de girar.

-¿Qué?

Phil suspiró, ya preparado para cualquier reacción.

-El amigo del que te hablé. Darrell. El risado. Somos novios.

Su madre lo miró por primera vez. Dio una calada larga y dejó escapar el humo con un suspiro.

Crazy Diamond (Philebag)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora