15

16 3 0
                                        

Phil se encontraba en su habitación, o lo que quedaba de ella. El caos afuera era habitual: gritos, cosas rompiéndose, insultos que parecían armas afiladas. Su madrastra lloraba por alguna razón que ya ni importaba, y su padre le gritaba como si eso solucionara algo.

-Siempre lo mismo... -murmuró, abriendo su toca discos.

A todo volumen puso un vinilo rayado de metal, algo sucio y desgastado, pero suficiente para tapar la realidad. Encendió un cigarro sin importar que estuviera en su cama, sin importarle nada. Tragó el humo con desgano, dejando que se mezclara con el ruido. Por un instante, no existía nadie más.

Hasta que su puerta se abrió de golpe.

-¡Bájale a esa mierda, Phil! ¡Te dije que estoy harto! ¡Lárgate de esta casa antes de que te saque a patadas!

Phil no se sobresaltó. Solo lo miró. Sin decir nada, apagó el cigarro en la pared

-ya tenía tantas marcas que una más no cambiaba nada-, agarró su campera y salió.

Era de tarde, casi anocheciendo, pero no tenía idea de adónde ir. Caminó sin rumbo, con las manos en los bolsillos, pateando piedritas, basura, latas. Su mente era un revoltijo de ruido y pensamientos sin forma. Hasta que, sin pensarlo mucho, sus pies lo llevaron a una zona más tranquila.
Frente a la casa de Darrell.

-Ugh, qué hago aquí... -bufó, mirando la puerta-. Seguro está con sus tareas o comiendo pastelitos con su mamá.

Aun así, algo en él lo hizo levantar el puño y golpear la puerta.

Toc-toc.

Tardó unos segundos, pero la puerta se abrió y apareció el rizado. Su expresión fue de sorpresa al ver a Phil ahí parado. Llevaba una camisa blanca y un moño torcido en el cuello. Traía pantalón de vestir y el cabello más ordenado de lo habitual.
Phil se quedó mirándolo con una mueca.

-¿Qué carajos te pasó? ¿Te vas a casar o qué?

Darrell rodó los ojos.

-Vinieron unas tías. Cena familiar. Mi mamá me obligó a ponerme esto. No te rías.

-Demasiado tarde, Diamond -se burló Phil, haciendo énfasis en el apodo que le había puesto hace unas semanas.

-Pensé que odiabas mi casa.

-Y la odio, pero me echó el idiota de mi padre, así que... no sé, solo estaba dando vueltas.

Darrell dudó un poco, mordiéndose el labio inferior. Luego sonrió de costado.

-¿Quieres pasar? No creo que les moleste.
Phil frunció el ceño.

-¿A una cena familiar? ¿Estás loco?

-Vamos, no seas tonto. Además, hueles a cigarro y a tristeza -bromeó, tirando de su campera.

-¡Eh, suéltame, jodido muppet! -gruñó Phil, pero sin mucha fuerza.

Para cuando se dio cuenta, ya estaba dentro de la casa. La luz era cálida, había olor a comida casera y voces suaves desde el comedor. El lugar estaba impecable. En las paredes, fotos de familia, dibujos infantiles, diplomas de Vinnie, algún certificado de Darrell por "mejor actitud en clase" (seguro que sí, pensó Phil con sorna).
En la cocina, la madre de Darrell los vio entrar. Soltó una exclamación ahogada.

-¡Ay Dios! ¡Es él!

Phil quiso dar media vuelta, pero Darrell se adelantó.

-¡Mamá, papá! ¡Él es Phil! El... bueno, sí, el que me rompió la cara en el patio... pero ahora somos amigos -dijo tan rápido que parecía una sola palabra.

Crazy Diamond (Philebag)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora