Era viernes. El cielo nublado se estiraba sobre el campo de fútbol como una sábana húmeda y gris. En el patio trasero, la mayoría de los estudiantes mataban el tiempo antes del almuerzo. Dimebag estaba sentado en la parte trasera de las gradas, con la mochila entre los pies y la cabeza gacha, jugueteando con la cuerda de su sudadera.
Rex se le acercó con una bolsa de papas abierta y se dejó caer a su lado.
-¿Tú no comes o qué? -preguntó, metiéndose una papa a la boca.
Darrell alzó los ojos. Tenía los rizos algo despeinados y el ceño fruncido como si llevara horas en ese mismo estado.
-No tengo hambre.
Rex lo miró de reojo. Algo le decía que no era por falta de apetito.
-¿Tiene que ver con tu hermano otra vez? ¿O es...?
-Phil -murmuró Darrell, bajito.
Rex no dijo nada al principio. Solo asintió, entendiendo.
-¿Qué pasó ahora?
Dimebag se encogió de hombros.
-No lo sé. Es como si... cambió. Hace unos días estaba en su casa, ¿sabes? En su habitación. Me invitó una cerveza, fumamos un poco, hablamos. Estaba relajado. Cercano.
-¿Y ahora?
-Ahora está frío. Como si nada de eso hubiera pasado. Como si yo me lo hubiera imaginado.
Rex se recargó en el metal de la grada, mascando despacio.
-Bueno... Phil es raro. No es de los que se abren fácil. Ni siquiera cuando quiere.
-Eso es lo que no entiendo. ¿Entonces por qué me busca? ¿Por qué me mira como si... como si yo fuera algo para él?
Rex entrecerró los ojos. Dimebag hablaba bajo, pero cada palabra estaba cargada de una duda que lo carcomía.
-¿Estás... enganchado con él?
Darrell apretó la cuerda de su sudadera entre los dedos.
-No lo sé. Eso es lo peor. No sé si me gusta, si lo admiro, si lo odio, si solo estoy confundido o si todo eso a la vez.
Rex soltó una risa breve, pero no de burla.
-Suena como Phil. Siempre te deja así.
-Me siento tonto -confesó Darrell-. Como un niño que se ilusionó por algo que nunca existió. Quizá solo fui... un juego para él. Una distracción.
Rex miró al frente, pensativo.
-No creo que seas un juego. Si te sirve de algo... Phil no deja que nadie se le acerque. Pero contigo... hay algo raro. Te deja entrar. Eso debe significar algo.
Dimebag suspiró.
-¿Y si solo me usa para joder a Vinnie?
Rex se lo quedó mirando.
-Eso sí suena a Phil.
Un silencio incómodo se extendió entre ambos.
-Pero igual -añadió Rex-, tú no eres idiota, Darrell. Sabes cuándo algo no te hace bien. Si estás así por su culpa, deberías poner distancia. O preguntarle qué quiere.
Dimebag bajó la mirada.
-No me atrevo.
Rex le dio un empujón suave con el codo.
-Tú eres más valiente de lo que crees. Pero tienes que dejar de hacer como si todo dependiera de lo que él siente. ¿Y tú? ¿Qué quieres tú?
Darrell no respondió. Las palabras de Rex le retumbaban en la cabeza como una canción que no sabía cómo terminar. Se pasó una mano por los rizos, confundido, dolido, con esa presión constante de ser el chico bueno, el hermano menor, el que nunca falla... y, de pronto, ser también el que siente cosas que no puede explicar por alguien como Phil Anselmo.
La campana del almuerzo sonó y ambos se pusieron de pie. Dimebag no se movió enseguida.
Rex lo miró con una media sonrisa.
-Cuando te decidas, hazlo por ti. No por Phil. Y menos por Vinnie.
Dicho eso, se fue caminando con su bolsa de papas.
Dimebag se quedó solo un rato más. No miró a nadie. Solo apretó los puños en los bolsillos de su sudadera y deseó, por un segundo, que Phil apareciera.
Pero no lo hizo.
El eco del retrete goteando marcaba el pulso del baño vacío. El olor a desinfectante barato se mezclaba con humo. Dimebag empujó la puerta con fuerza. No iba a dejar pasar otro día más sin una respuesta.
Caminó directo al último cubículo, donde el humo escapaba por debajo como si alguien intentara esconder una fogata. Golpeó con los nudillos.
-Phil, abre. Sé que estás ahí.
-Lárgate, estoy ocupado -respondió la voz ronca de Anselmo desde dentro.
-¡Abre la puerta! -insistió Darrell, esta vez más firme.
Un momento de silencio. Luego, el sonido del pasador cediendo. Phil abrió la puerta y lo miró con el cigarro en la mano, los ojos medio rojos, expresión cansada.
-¿En serio entraste aquí solo para hablar?
-Sí.
Phil se hizo a un lado. Dimebag entró. El espacio era pequeño, y el olor a mariguana era fuerte. Phil cerró la puerta detrás de él.
Darrell cruzó los brazos.
-¿Qué somos, Phil?
Anselmo alzó una ceja.
-¿Qué?
-¿Qué somos tú y yo? ¿Amigos? ¿Nada? Porque me hablas como si sí, pero después me ignoras aquí en la escuela. Me tratas como si fuera invisible.
Phil resopló, dándole una calada larga al cigarro.
-¿Eso es lo que vienes a reclamarme? ¿En el baño?
-Sí. Porque ya me harté de que me trates como si sólo sirviera cuando te aburres -la voz de Darrell temblaba apenas-. Cuando estamos solos, eres otro. Me haces sentir como si te importara. Pero después... vuelves a ser el mismo cabrón de siempre.
Phil se encogió de hombros, irritado.
-Yo no soy tu niñera, Diamond. No tengo que darte explicaciones.
-¡Pues dámelas igual! Porque no soy estúpido. No eres así con nadie más. ¿Entonces qué soy para ti?
Phil lo miró fijamente, sin parpadear. El silencio era casi violento.
-Eres alguien con quien me llevo bien. A veces. Ya.
Darrell se tragó la rabia.
-¿Y eso significa esconderlo? ¿Ignorarme cuando otros están cerca?
-Significa que no tengo por qué explicarle a todo el mundo mis amistades, mierda.
Estaban a escasos centímetros. El cubículo era angosto, apenas cabían los dos. Dimebag sentía el pecho subir y bajar como si acabara de correr.
Phil apagó el porro contra la pared.
Justo entonces se escuchó la puerta del baño abriéndose. Voces. Risas pesadas.
Phil reaccionó enseguida. Colocó su mano grande sobre la boca de Darrell, presionando suave pero firme. Los ojos de Dimebag se agrandaron, y el rubor le subió al rostro como fuego. Trató de hablar, pero Phil negó con la cabeza, llevándose un dedo a los labios.
Los pasos se acercaron. Tres tipos se miraron en el espejo, arreglándose el cabello, bromeando en voz alta. Uno de ellos reconoció la voz de Phil.
-¡Anselmo! Cabrón, ¿estás ahí?
Phil bajó un poco la voz, con naturalidad.
-Sí, estoy. Ocupado. Pero nos vemos después, ¿no?
-Claro, afuera, el muro de siempre.
-Hecho.
Darrell seguía callado, con la mano de Phil cubriéndole la boca. El corazón le latía a mil.
Los chicos se rieron y se marcharon.
Una vez solos, Phil retiró lentamente la mano. Dimebag bajó la mirada, tragando saliva. Sus mejillas seguían rojas.
-¿Eso también es parte del juego? ¿Callarme cuando llegan tus amigos?
Phil se pasó una mano por el cabello, fastidiado.
-Mira, no entiendes. Tú... tú eres diferente, ¿ok? Pero ellos no lo saben. Y no tienen por qué saberlo.
-¿Diferente cómo? -la voz de Darrell era apenas un susurro.
Phil se quedó callado.
-Lo que sea que signifique esto -continuó Darrell-, no quiero ser tu secreto.
Phil le sostuvo la mirada. Había algo en sus ojos, algo roto que no quería mostrarse. Pero estaba ahí.
-Tampoco sé qué eres para mí -admitió, por fin-. Y eso me jode.
Dimebag no respondió. Solo lo miró un segundo más... y salió del cubículo sin decir nada.
Phil se quedó ahí, solo, con el olor a humo flotando aún entre las paredes de cerámica.
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Crazy Diamond (Philebag)
FanfictionPantera (Phil x Dimebag). CREDITOS A MAGNETA DRAW POR EL FANART
