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CREDITOS A MAGNETA DRAW POR EL FANART

El sol de la tarde bañaba las fachadas opacas del vecindario. Phil caminaba con las manos en los bolsillos, a pasos lentos, mirando el suelo y de vez en cuando a Darrell, que iba a su lado con su mochila colgando floja de un solo hombro y una sonrisa que trataba de ocultar el nerviosismo.

-¿Seguro que está bien que vaya hoy? -preguntó Dimebag, girando hacia él.

Phil asintió, sin mirarlo.

-Ya estás aquí. Demasiado tarde para huir.

-Genial -murmuró el risado con sarcasmo-. Me encanta tener margen de escape.

Cuando llegaron a la casa de los Anselmo, Darrell alzó la vista. Era una casa más vieja que la suya, con el porche torcido y la pintura deslavada. La puerta tenía una malla metálica con huecos mal arreglados. Pero lo que más llamó su atención fue el sonido.

Un ladrido grave, fuerte.

Un rottweiler, enorme, salió del costado de la casa y corrió directo hacia la reja con una fuerza intimidante. Sus patas golpeaban el suelo con furia y los ladridos retumbaban. Phil se detuvo en seco.

-¡Mierda! Ahí viene...

-¿Es tuyo? -preguntó Dimebag, alarmado.

-Se llama Rocky. Y sí, es mío, pero no lo crié yo. Mi papá lo entrenó. Y es un cabrón. No te acerques, en serio. Puede morderte.

Pero antes de que Phil pudiera decir algo más, Darrell, en lugar de retroceder, dio unos pasos hacia la reja.

-Hola, bonito... -dijo en voz baja.

Phil abrió los ojos, incrédulo.

-Darell, ¿estás loco?

Pero Rocky, que hace un momento parecía querer arrancarle la garganta a alguien, empezó a mover la cola.

-¿Pero qué mierda...? -Phil murmuró, desconcertado.

El rottweiler se acercó, agachó las orejas y se sentó frente a Dimebag. Luego, estiró el cuello y dejó que él lo acariciara sin resistirse. Incluso sacó la lengua.

Phil se quedó pasmado.

-Te odio un poco.

-Es mutuo -bromeó Dimebag-. Aunque tu perro es adorable.

-Adorable mis huevos.

Entraron a la casa y el olor a cigarro y comida recalentada flotaba en el aire. La televisión sonaba desde la sala. En la cocina, una mujer con bata de leopardo y rulos en el pelo tomaba café mientras se pintaba las uñas de un rosa chillón. Tenía los labios rojos y un cigarro colgando de la comisura de la boca.

-¡Ma! -llamó Phil, sin mucha energía.

-¿Eh? ¿Qué?

La mujer giró y al ver a Darrell, se quitó el cigarro con una sonrisa maquillada.

-Ahhh, tú debes ser el famoso Diamond, ¿no?

-Darrell, señora -corrigió él, educadamente.

-Ay, pero si pareces de comercial de champú con esos rizos -dijo mientras se levantaba-. Yo soy Francine, aunque todos me dicen Frankie. Puedes llamarme como quieras. Tú también estás para comercial de algo, Phil, pero de esos en los que arrestan al tipo al final.

Phil puso los ojos en blanco.

-Ma...

Frankie se acercó a Darrell y le revolvió el cabello con exagerado entusiasmo.

-Ay, pero por fin traes a alguien que no parezca salido de un garaje lleno de neumáticos. Qué gusto verte. ¿Quieres soda, cerveza, algo más fuerte?

-Una soda está bien, gracias -respondió Darrell, conteniendo la risa.

-¿Ya le contaste que tu cuarto es un desastre o eso es sorpresa?

Phil gruñó y arrastró a Dimebag a su habitación por un rato, donde dejaron sus cosas, y luego volvió a salir cuando Frankie los llamó para cenar.

La mesa era pequeña, de madera vieja. Había una fuente con macarrones con queso medio resecos y algo que parecía pollo al horno. Frankie hablaba sin parar sobre un reality show mientras servía. Entonces, se oyó la puerta del frente.

Phil se tensó.

-Ahí viene...

Un hombre alto, de complexión ancha y mandíbula cuadrada, entró a la cocina. Llevaba una camisa de franela abierta, su mano derecha llevaba un reloj y la izquierda el anillo de compromiso. Su mirada cayó enseguida sobre Darrell, luego sobre Phil. No sonrió.

-Él es Darrell -dijo Phil con voz seca-. Es mi novio.

El silencio duró más de lo tolerable.

El hombre asintió sin emoción.

-Ya me lo imaginaba.

Se sentó. Frankie les sirvió a todos y, como si fuera la mediadora no oficial de la tensión, cambió de tema con su tono alegre.

-Darrell, ¿y tú qué haces cuando no estás aguantando a este cavernícola?

-Toco la guitarra -respondió con una sonrisa nerviosa.

-¿En serio? -preguntó el padre, levantando la vista por primera vez con algo de interés-. ¿Qué bandas te gustan?

-Van Halen... principalmente. Aunque también Sabbath, Kiss... cosas así.

El hombre masticó en silencio. Luego asintió.

-Pink Floyd también es una buena elección. Buena guitarra. Buenos discos. Pero Van Halen está bien.

Dimebag soltó el aire que no sabía que había estado conteniendo.

-Gracias, señor.

-Joe -dijo simplemente.

El resto de la cena fue menos incómoda. Frankie hablaba, Phil empujaba la comida sin ganas y de vez en cuando echaba una mirada de reojo a Darrell. Su padre no volvió a hablar demasiado, pero parecía menos cortante. Cuando terminaron, Frankie sirvió pastel de manzana que había comprado en la tienda y se ofreció a llevar a Darrell a casa si Phil no quería salir.

Pero Phil se levantó de inmediato.

-No, yo lo llevo.

Cuando salieron al porche, Rocky los siguió, aún moviendo la cola por Darrell.

-Eres un puto imán de cariño animal, ¿lo sabías? -preguntó Phil, con media sonrisa.

-¿Celoso?

Phil gruñó.

-Tal vez.

Caminaron un rato sin decir nada. El cielo estaba despejado y soplaba una brisa fresca.

-¿Estuvo tan mal? -preguntó Phil de pronto.

-No. De hecho... me alegra haber venido. Tu mamá es... un personaje. Y tu papá... bueno, tiene buen gusto musical.

Phil se metió las manos en los bolsillos.

-No es perfecto. Nada de esto lo es.

-No me importa la perfección. Me importas tú.

Phil se detuvo. Lo miró.

-Tú haces que quiera... intentarlo.

Darrell sonrió.

-Entonces, inténtalo conmigo.

Crazy Diamond (Philebag)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora