—Trabajo en grupo, chicos. Lo entregan el lunes. Escojan a alguien con quien no hayan trabajado antes —dijo la profesora de Historia, cerrando el libro con un golpe seco.
Phil resopló. Miró a su alrededor como un lobo enjaulado. Nadie lo miraba. Nadie quería ser su compañero. Nadie salvo el idiota de los dibujos anatómicamente correctos que lo seguía como un cachorro perdido.
—¿Nos toca otra vez? —preguntó Dimebag con una sonrisa ladeada, asomándose desde su pupitre.
—No me toques ni con un palo —espetó Phil sin pensarlo—. Pero sí, supongo que vamos a ser un "equipo".
—¿Genial?
—No. Tú haces todo. Yo no pienso mover un maldito dedo. Así de simple.
—Phil...
—No me "Phil"-ees. Vas a hacer el trabajo, y yo voy a poner mi nombre encima del tuyo. Negocios son negocios, algodón de azúcar.
—Esto se llama Historia. No mafia —murmuró Dimebag—. Escucha, no sé si estás muy enojado o simplemente eres un vago profesional, pero si no haces nada, nos reprueban a los dos. ¿Por qué no vienes a mi casa? Lo hacemos rápido y ya.
Phil se lo quedó mirando, entre desconfiado y aburrido. Luego ladeó la cabeza, chasqueando la lengua.
—¿Qué? ¿Vas a poner música de meditación, prender velas y darme galletas veganas?
—Tengo Black Sabbath en vinilo.
Silencio. Un músculo en la mandíbula de Phil se movió.
—...Dije que sí, ¿no?
La casa de los Abbott olía a pizza recalentada y suavizante de ropa. Era amplia, un poco desordenada, con fotos familiares colgadas en la escalera. Dimebag abrió la puerta y dejó pasar a Phil, que arrastraba los pies como si estuviera entrando a un templo profanado.
—¡Ya llegué! —gritó Dimebag.
Unos pasos se escucharon desde la cocina. Vinnie fue el primero en aparecer: pelo corto, brazos tatuados, mirada dura.
—¿Qué hace él aquí?
Phil levantó la vista, sin molestarse en disimular su aburrimiento.
—Vengo a que tu hermanito me sirva de esclavo académico. Qué emoción, ¿eh?
Vinnie dio un paso al frente, la mandíbula apretada. Dimebag puso una mano en su pecho.
—Vinnie, por favor. Es por un trabajo del colegio.
—¿Este es el imbécil que te golpeó? ¿Ahora lo traes a casa como si nada?
—Fue hace semanas. Ya pasó.
—Claro que no pasó. A la próxima se la devuelvo por ti.
—Basta —intervino Darrell, apareciendo detrás, con su pelo largo y una expresión más serena—. Es solo un trabajo, ¿no?
—Un trabajo y un cigarro a escondidas, si tengo suerte —dijo Phil, encogiéndose de hombros.
Vinnie avanzó otro paso, pero Darrell lo sujetó por el brazo.
—Déjalos subir. Después hablas con él si te quedas con ganas de boxear, ¿sí?
A regañadientes, Vinnie se alejó refunfuñando.
Phil sonrió como un gato satisfecho.
—Me caes bien, hermano mayor hippie. Vinnie a ti sí te aceptaría en mi equipo de saqueos.
—A la habitación —dijo Darrell secamente.
El cuarto de Dimebag era una mezcla entre taller, museo y templo pagano de la música. Había vinilos en las paredes, una guitarra eléctrica apoyada en un rincón, afiches firmados por bandas que Phil no reconocía del todo, pero que olían a riffs y cuerdas rotas.
Phil se dejó caer sobre la cama, dejando su mochila caer al piso con un golpe sordo. Miró alrededor con interés disimulado.
—¿Qué es esto, la maldita tienda del rock?
Dimebag rió, abriendo su cuaderno.
—Te dije que te iba a gustar.
Phil tomó uno de los vinilos y lo examinó.
—Ratt. Nunca he escuchado esto.
—¡¿Nunca?! —Dimebag lo miró como si hubiera confesado un crimen—. Eso es literalmente ilegal.
—No me sorprende. He hecho cosas peores.
—No me digas.
Phil le dirigió una mirada afilada, pero con un deje de burla.
—¿Y tú? ¿Qué haces cuando no dibujas penes y vaginas en clase?
—Toco. Escucho música. Diseño portadas. Y ahora intento aprobar Historia.
—Wow. Un currículum de lo más excitante —dijo Phil con sarcasmo—. ¿Cuál es tu nombre otra vez? ¿Dimebar?
—Dimebag.
—Ah. Diamond.
El silencio fue inmediato.
Dimebag bajó el lápiz. Su ceja se contrajo.
—No me llames así.
—¿Qué? ¿Diamond? ¿Por qué? Suena a nombre de estrella porno, pero podría ser peor. Podría ser... Brillantina.
—No es gracioso —dijo el rizado, y había una seriedad nueva en su voz. Como si le hubieran tocado una herida.
Phil alzó una ceja, notando la reacción. No se disculpó, pero tampoco insistió. En vez de eso, se recostó sobre un montón de almohadones.
—Bueno, Diamond. Empieza a trabajar tu magia. Me avisas cuando pueda firmar.
—¿En serio no vas a hacer nada?
—Estoy moralmente en contra del esfuerzo.
Dimebag lo miró por un segundo. Luego suspiró.
—¿Sabes qué? Quédate ahí. Pero vas a escuchar Slayer mientras trabajo.
—Pensé que nunca lo pedirías.
Dimebag colocó el vinilo. El rasguido inicial, luego un rugido de guitarras. Phil se incorporó apenas, como si algo dentro de él respondiera al caos. Cerró los ojos.
—Eso... no está tan mal.
—¿"No está tan mal"? ¡Eso es South of Heaven! ¡Una obra maestra! —Dimebag gritó por encima de la batería atronadora.
Phil sonrió, más con los ojos que con la boca.
—Tienes una forma extraña de convencer a la gente. Dibujos porno, vinilos asesinos y un nombre de stripper.
—Y aun así estás aquí.
Phil no respondió. Solo cerró los ojos de nuevo y se dejó llevar por la música, mientras Dimebag comenzaba a escribir sobre la Revolución Francesa y las cabezas cortadas. Había algo cómico en la escena: uno escribiendo sobre la guillotina mientras el otro soñaba con riffs.
Desde el pasillo, Vinnie pasaba con una cerveza en mano. Miró la puerta cerrada, frunció el ceño, pero no dijo nada.
A veces, los desastres empiezan así: con un disco sonando, una broma equivocada, y un idiota que dice que no le importa cuando en realidad no puede dejar de mirar.
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Crazy Diamond (Philebag)
FanfictionPantera (Phil x Dimebag). CREDITOS A MAGNETA DRAW POR EL FANART
