2

24 4 1
                                        

Phil arrastró los pies por el pasillo, pateando una papelera a medio llenar que cayó de costado, regando basura por el suelo.

—Genial. Ahora también soy el maldito conserje —masculló, mientras metía las manos en los bolsillos y apretaba los dientes.

Dimebag caminaba detrás de él, intentando mantener el ritmo, con una sonrisa incómoda.

—Hey... ¿Te gustan los videojuegos? Tal vez podríamos—

—¿Qué mierda haces hablando como si fuéramos amiguitos? ¿Te tragaste un arcoíris esta mañana o qué? —le cortó Phil sin siquiera mirarlo. Se detuvo en seco y se giró bruscamente— Escucha, algodón de azúcar, solo estamos en esta mierda juntos porque el viejo me chantajeó. No me interesa saber si coleccionas estampitas o si lloras con las pelis de Disney, ¿me entiendes?

Dimebag parpadeó, sin saber si reír o salir corriendo.

—...Okay. Solo intentaba ser amable.

—Sí, bueno, métete la amabilidad en el culo —espetó Phil, encendiéndose un cigarro a escondidas detrás de un árbol del patio. Le dio una calada profunda y exhaló el humo como si fuera veneno.

Silencio.

Dimebag se sentó en un banco, no muy lejos.

—Deberías ir a clase ahora. Si no, el director te descontará otro punto.

Phil resopló.

—Clase de mierda, profesores de mierda, escuela de mierda. Todo es una basura.

—¿Siempre estás tan enojado?

Phil lo miró con cara de pocos amigos.

—¿Siempre eres tan imbécil?

---

En clase de Biología

La profesora explicaba los sistemas del cuerpo humano, señalando una lámina en el proyector. Los alumnos bostezaban. El calor del salón mezclado con la voz monótona de la maestra era una combinación letal para la concentración.

Phil estaba encorvado sobre su cuaderno, con la capucha puesta, garabateando sin prestar atención. Dimebag, sentado a su lado, trataba de seguir la clase, pero de reojo no pudo evitar mirar lo que el otro dibujaba.

Un par de tetas mal hechas. Luego un pene desproporcionado con carita feliz. Otro. Y otro.

Phil se rió solo, bajo, como un demonio aburrido.

—Me encanta el arte moderno —murmuró con sarcasmo, agregando pelos al dibujo.

—Eso está... torcido —dijo Dimebag en voz baja, señalando el falo—. Y mal anatómicamente.

Phil lo miró como si le hubiera dicho una herejía.

—¿Qué carajos sabes tú de miembros?

—Dibujo. Bien. ¿Quieres que te enseñe?

Phil levantó una ceja, entre divertido y desconfiado.

—¿Me vas a dar clases de pitos ahora?

—Solo si quieres aprender a hacerlos bien —dijo Dimebag, quitándole el cuaderno. Con trazos rápidos, dibujó un pene mucho más detallado: con sombreado, proporciones realistas y hasta venas. Luego, a un costado, una vulva perfectamente delineada, casi artística.

Phil lo miró en silencio. Luego soltó una carcajada. Fuerte. Algunos en el salón voltearon.

—¡¿Qué carajos eres, un Da Vinci porno?!

Dimebag sonrió, algo colorado.

—Me gusta el cuerpo humano. Me parece fascinante.

—A ti lo que te gusta es estar jodidamente loco. Pero eso estuvo bueno —dijo Phil, y por un momento, parecía genuinamente entretenido. Sus ojos brillaron por algo más que rabia.

Pero la risa se fue apagando. Como si él mismo se diera cuenta de que estaba sonriendo, de que había bajado la guardia.

Frunció el ceño, le arrebató el cuaderno y cerró de golpe.

—No te hagas ilusiones. No somos colegas, ¿entendiste?

Dimebag bajó la mirada, pero no perdió la sonrisa.

—Entendido.

Phil volvió a garabatear. Esta vez, un esqueleto haciendo el dedo del medio.

Crazy Diamond (Philebag)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora