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El timbre final sonó como un suspiro colectivo. Mochilas al hombro, carpetas cerradas, pasos apresurados. La mayoría de los alumnos abandonaban el instituto con risas y conversaciones vacías, felices de dejar atrás otro día idéntico al anterior. Pero Darrell Abbott no caminaba con ellos. No se reía, no saludaba a nadie. Caminaba solo, con el corazón pesado y las manos en los bolsillos, buscando una figura en particular entre la multitud.

La encontró al pie de la escalera principal, con el sol cayendo justo detrás de ella, dándole un contorno dorado a su trenza larga.

Amy hojeaba un libro mientras caminaba, ajena a las miradas de los demás. Nadie le hablaba, y ella parecía acostumbrada a eso. Pero esta vez, alguien sí se acercó.

-Amy -dijo Darrell, deteniéndose a unos pasos.

Ella levantó la vista, sorprendida. Le sonrió con cierta timidez.

-Hola, Darrell... ¿Todo bien?

Él respiró hondo, sintiendo el nudo en el pecho. No quería herirla. No quería decepcionarla. Pero ya era hora de decir la verdad.

-Necesito hablar contigo.

Amy asintió y cerró su libro con suavidad.

-¿Sobre la nota?

Darrell asintió. Ambos se alejaron del flujo de alumnos y caminaron hacia un costado del edificio, donde el ruido disminuía y sólo se escuchaba el canto de los grillos entre el césped. Se sentaron en una banca metálica, vieja y oxidada, que no parecía haber sido usada en años.

Darrell bajó la mirada.

-Te mentí -soltó, sin rodeos.

Amy lo miró en silencio.

-¿Sobre qué?

-Sobre lo que te dijo Phil.

Ella desvió la mirada hacia el campo de fútbol vacío.

-Supuse que algo raro había. Fue todo muy... de repente.

Darrell se rascó la nuca, incómodo.

-No quería que él sospechara. Le dije que me gustabas para evitar decirle... lo que en verdad siento.

Amy lo miró fijamente. Sus ojos, agrandados por los lentes, eran más agudos de lo que Darrell esperaba.

-¿Y qué sientes?

Darrell dudó. Aún no se atrevía a decirlo en voz alta. No con palabras. Pero no hacía falta.

Amy entendió.

-Ah -susurró-. ¿Es por él?

Darrell apretó los labios y asintió apenas.

Amy no se escandalizó. No lo juzgó. Solo respiró hondo y cruzó las piernas.

-Entonces... ¿por qué viniste a decirme la verdad?

-Porque no es justo que pienses algo que no es. No me gustas de esa forma. Eres una chica buena. Y no quiero que sufras por una mentira que dije por miedo.

Amy sonrió de lado, con tristeza.

-Tranquilo. No me enamoré ni nada. Solo... fue bonito por un momento.

Darrell la miró sorprendido.

-¿No estás enojada?

-No -dijo con sinceridad-. Agradezco que vinieras a aclararlo. Muchos no se molestan.

Se quedaron en silencio unos segundos. El viento movía las hojas secas alrededor de sus pies.

-¿Y él? -preguntó Amy de pronto.

Crazy Diamond (Philebag)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora