La puerta se cerró con un suave clic. El eco de los pasos de Phil bajando por las escaleras aún flotaba en la casa. Darrell se quedó solo en su habitación, sintiendo que todo estaba más callado de lo habitual. La música había parado, las luces estaban bajas y el balcón seguía abierto, dejando entrar la brisa tibia de la noche tejana.
Caminó hasta la sala como si sus piernas fueran de plomo. Se dejó caer en el sofá con un suspiro largo y profundo, como si en él se le fuera la energía que le quedaba. Se llevó ambas manos al rostro, presionando fuerte, intentando que las lágrimas no salieran. Pero salieron igual.
Primero fueron pocas. Luego muchas.
No sabía exactamente por qué lloraba. Tal vez por la tensión que había cargado durante semanas, por el miedo a confesarle a Phil lo que sentía, o tal vez porque ya no había vuelta atrás. Porque ahora él sabía. Porque aunque no lo había rechazado del todo, tampoco había una promesa de nada. Tal vez lloraba porque se sentía libre, o porque se sentía perdido. O por todo a la vez.
-Darrell... -La voz de su madre lo sacó de sus pensamientos. Su papá venía detrás de ella, ambos luciendo confundidos al verlo en ese estado-. ¿Qué pasó, hijo?
Él intentó limpiarse la cara rápidamente, pero no sirvió de nada. Sus mejillas estaban húmedas y sus ojos rojos.
-¿Qué te pasa, cariño? ¿Alguien te hizo algo?
Darrell negó con la cabeza, apretando los labios para no quebrarse más. Pero su madre se sentó a su lado y le acarició el cabello, mientras su padre se arrodillaba frente a él, tomándole una mano.
-¿Es por Phil?
Darrell alzó la vista, sorprendido. Ellos no sabían. No habían escuchado la conversación. No podían saberlo. Pero ese nombre bastó para que su garganta se apretara aún más. Y entonces asintió.
-¿Qué pasó con él?
-Se lo dije -murmuró Darrell, entre sollozos.
-¿Le dijiste qué?
-Que me gusta.
Sus padres se miraron por un segundo. Ninguno dijo nada. Solo lo escucharon.
-Me gusta Phil -repitió, bajito-. No sé cómo pasó... solo pasó. Y se lo dije. No sabía qué iba a decir, pero no podía seguir callando. Y ahora no sé qué pensar. No sé si hice bien, si fue una locura, si perdí a mi único amigo.
Su madre lo abrazó con fuerza. Su padre se sentó más cerca y le puso una mano firme en el hombro.
-No hiciste nada malo, Darrell -dijo su madre, con la voz dulce-. Sentir no es un error. Y decir lo que sientes... tampoco.
-No nos decepcionas, hijo -dijo su padre, tranquilo, mirándolo a los ojos-. Solo quiero que tengas cuidado. Phil es... complicado. No queremos verte lastimado.
-Lo sé -murmuró Darrell sollozando -. Lo sé.
Se quedaron en silencio un rato. Su madre no dejaba de acariciarle la espalda. Su padre se levantó y fue a la cocina. Volvió con un vaso de agua.
-Tómalo. Respira un poco. Estamos contigo.
Darrell lo tomó con manos temblorosas. El nudo en su pecho no desapareció, pero ya no estaba solo. No tenía todas las respuestas, ni certeza de lo que pasaría con Phil. Pero tenía a su familia. Tenía amor.
Phil caminaba solo por las calles, con las manos en los bolsillos y la cabeza hecha un desastre. La noche se sentía más fría ahora. No por el clima, sino por dentro. Sentía algo en el pecho que no sabía nombrar. No era enojo. No era miedo. Era... otra cosa.
ESTÁS LEYENDO
Crazy Diamond (Philebag)
Fiksi PenggemarPantera (Phil x Dimebag). CREDITOS A MAGNETA DRAW POR EL FANART
