A la mañana siguiente, Phil se apoyaba contra el lavabo del baño de hombres, mirándose en el espejo con desgano. La escuela aún no sonaba del todo despierta. Afuera, el murmullo de los pasillos aumentaba con pasos rápidos, mochilas, risas.
Entonces la puerta se abrió de golpe.
Vinnie entró con pasos firmes, directo hacia él.
—¿Y tú qué?
Phil ni siquiera parpadeó.
—Buenos días.
—No me jodas, Anselmo —gruñó Vinnie—. ¿Qué mierda le diste a mi hermano anoche?
Phil se rió por lo bajo, sin dejar de mirarse.
—Relájate. Una chela y una calada, no lo maté.
—¡Tiene dieciocho! —espetó Vinnie—. Es un niño.
Phil giró la cabeza, ahora sí mirándolo.
—Tiene dieciocho. No es un niño. Puede votar, manejar, emborracharse. ¿O no sabías?
—Es mi hermano menor.
—Y no está hecho de cristal —replicó Phil, sin levantar la voz—. No te pertenece.
Vinnie lo empujó contra la pared con un golpe seco.
—¡No tienes idea de cómo es él! ¡De cuánto esfuerzo ha puesto para llegar donde está!
Phil no se defendió. Solo lo observó, con el ceño fruncido.
—Tal vez por eso quiso romper las reglas. Porque está harto de tener que ser perfecto para ti.
Vinnie lo empujó otra vez, más fuerte.
—¡No te atrevas a hablar de él! ¡No sabes nada!
Phil reaccionó. Lo empujó de vuelta, pero sin violencia. Solo con firmeza.
—Tampoco tú, Vinnie. No sabes por qué me sigue. No sabes lo que quiere. Solo crees que por ser su hermano mayor puedes controlarlo.
Ambos se quedaron respirando agitados. El ruido del grifo goteando era lo único que se oía. El espejo empañado por el aliento de la pelea.
—Yo estoy tratando de protegerlo —dijo Vinnie, más bajo.
—Y yo no lo obligué a nada —contestó Phil—. Solo fui yo. Y él eligió quedarse.
La puerta del baño se abrió. Un chico entró, los miró, luego se dio media vuelta sin decir nada y se fue. El silencio volvió.
Phil se pasó la mano por el cabello.
—No soy un santo. Y no voy a serlo. Pero si quieres que me aleje de tu hermano... díselo a él.
Y sin más, salió.
Vinnie se quedó solo. Las manos temblando. No por miedo. Por rabia. Por impotencia. Por la maldita verdad que, en el fondo, había en esas palabras.
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El baño de hombres volvió a ser campo de batalla.
Phil estaba lavándose las manos, la camiseta remangada, cuando Vinnie entró como una ráfaga. Sin palabras, sin advertencias. Solo lo miró y caminó directo hacia él.
—¿Otra vez tú? —soltó Anselmo con una sonrisa ladeada.
—Sabes muy bien por qué.
Phil apenas tuvo tiempo de girar cuando el puño de Vinnie se estrelló contra su mejilla izquierda. El sonido seco rebotó en los azulejos.
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Crazy Diamond (Philebag)
FanfictionPantera (Phil x Dimebag). CREDITOS A MAGNETA DRAW POR EL FANART
