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La aguja del tocadiscos rozaba el vinilo con un leve crujido. La habitación de Phil estaba a oscuras, iluminada apenas por la luz naranja que entraba por la persiana y el brillo tenue de su lámpara de noche. Tirado en la cama, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y un cigarro a medio terminar en el cenicero, Phil Anselmo no podía dejar de pensar.

La música no ayudaba. O tal vez sí. Cada riff distorsionado parecía rebotar dentro de su pecho, retumbando junto con pensamientos que no quería tener.

"¿En qué momento llegó hasta aquí?"

Cerró los ojos.

Recordó a Darrell. Su forma de reír. De hablar. De mirar. Las veces que lo desafiaba con esa tranquilidad suya. Las veces que lo hacía rabiar, o dudar, o callar. Las veces que no dijo nada y eso fue suficiente. Las veces que sí.

Y ese maldito apodo. Diamond.
Que él había inventado.
Que solo él decía.

Suspiró profundo.
Se revolvió en la cama.
Se sentó.

Y sin mirarse al espejo, como si evitara decirlo en voz alta, lo pensó con claridad por primera vez:

"Tal vez también me gusta."

No lo dijo como si fuera un chiste.
No se rió.
No se burló de sí mismo.

Solo lo pensó.
En silencio.
Como una verdad que se cuela por la rendija y se instala ahí, pesada, sin pedir permiso.

Nunca estuvo con alguien como él. Nunca pensó en un tipo así. Y sin embargo, con Darrell todo se sentía distinto. No era como con Pam. Ni como con otras chicas. Era algo... confuso, sí, pero también real. Intenso. Como todo lo que él odiaba admitir que sentía.

Y Phil, impulsivo, desordenado y terco como era, no era de los que se quedaban esperando.

El día siguiente no había comenzado diferente. La escuela seguía siendo un lugar gris, lleno de miradas que quemaban y rumores flotando como polvo en el aire. Pero Phil caminaba por los pasillos con un objetivo claro.

Iba a decírselo.

Lo buscó entre clases. Lo encontró junto a su casillero, leyendo algo distraído, con los audífonos colgando del cuello y el cabello revuelto como siempre.

-Diamond -llamó, serio.

Darrell levantó la vista y lo miró.

-¿Qué pasa?

Phil lo arrastró a un lado, contra la pared, lejos de oídos. No estaba enojado, pero su forma de hablar siempre parecía más intensa de lo que realmente era. Como si todo le costara más. Como si hablar de sentimientos fuera levantar un maldito camión.

-Necesito decirte algo -empezó, mirándolo directo-. Ayer me quedé pensando en lo que me habías dicho... lo de que te gusto.

El rizado se tensó. Trató de mantener la calma.

-Sí... lo recuerdo.

Phil respiró hondo.

-Y creo... creo que tal vez yo también siento algo por ti.

Darrell parpadeó, sorprendido.

-¿Qué?

-Eso. Que no sé cómo mierda pasó, pero me pasa. Y no soy gay, ya sabes eso. No lo digo como excusa ni como vergüenza, lo digo porque nunca me pasó antes. Y es raro. Pero estás en mi cabeza todo el maldito tiempo.

El risado tragó saliva. Su pecho se apretó.

Phil continuó, directo como siempre:

-Y sé que tú te lo pensaste más. Que fuiste más valiente, más sincero. Yo no. Yo solo soy un torpe de mierda que no sabe cómo funciona esto. Pero... no quiero que pienses que no me importa. Porque me importas, joder.

Crazy Diamond (Philebag)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora