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El despertador de la habitación suena con un timbre molesto que me aturde al instante, mi brazo se extiende con pereza pero decisión para apagarlo. Abro los ojos con la vista fija en el techo y las ventanas entre abiertas mostrando la luz del nuevo día. Me levanto de la cama directo a mi escritorio para remover el papelito del calendario en mi pared.

Sábado.

Fue el año pasado y un fin de semana que conocí a Wakatoshi pareciendo todo un sueño. El chico del que mi papá habla maravillas, el prodigio de Sendai. Recuerdo que ése día había llegado al Gimansio de Shiratorizawa con una mentalidad positiva, me removía la idea de conocer a quien quizá consideraría un hermano y una escuela de la que quizá sería parte algún día.

—Elina, acércate —camino directo a mi padre observando todo alrededor, la vibra de los jugadores y el olor agradable del gimansio que parecía mas bien venir del chico acercándose a nosotros —Te presento a Ushijima Wakatoshi

No mentiré que la primera impresión que tuve de él fue su gran porte y atractivo, su aura lo hacía destacar entre varios jugadores lo que me hizo entender el interés de mi padre hacia él. Pero lo que pudo ser una presentación amistosa se convirtió en un simple apretón de manos con la expresión mas estoica posible inundando esa interacción con miedo o intimidación.

Y con todo eso, siempre tuve Fe en que pudimos ser amigos.

—Venimos aquí porqué quiero que mi hija domine un poco más sus recepciones y bloqueos, pero hasta ahora supe que no habría uno más indicado que tú, alguien con tu fuerza quizá la ponga en un panorama diferente y se replantee sobre el juego duro —las palabras de mi padre fueron claras y con un tono de voz amistoso que devolvía la confianza a mi pecho

—Claro, pero los demás están por irse —contestó Ushijima con una voz bastante masculina sin dejar esa expresión casi vacía

—Oh, contigo es suficiente —sonríe dándome un leve empujón a la zona de juego —Elina comienza como Libero

Asentí con algo de nervios mientras me acercaba a la cancha donde los demas reunían sus cosas. Todos eran enormes e imponetenes, después de todo Shiratorizawa siempre reclutaba a los mejores y bajo los regímenes del entrenador sus entrenamientos eran rigurosos y algo agresivos.

—Oye niña —una voz mas suave logra llamar mi atención. Un chico con el cabello rubio cenizo y una sonrisa leve se inclina a mi altura con mucha confianza —Me gusta el color de tus ojos

—Gracias

Detrás de mí se une la risa de otro.

—Ojos de gato. No confío mucho en los gatos, suelen ser arrogantes y quisquillosos —Tan pronto entra en mi campo de visión noto a uno de los más altos del lugar, cabello rojizo y ojos grandes pero somnolientos

—No me considero así —contesté con amabilidad atrapando el balón que me ofreció

—Eso diría un gato —él también se inclina entrecerrando los ojos con sigilo —Pero no una gatita pecosa

Sonreí con timidez divertida por su ocurrencia.

—No creo que existan gatos pecosos —resopla su amigo con algo de cansancio

—Vamos Semi-Semi dejemos que esta gatita pecosa se enfrente a la poderosa Águila Wakatoshi —dicho eso se alejaron notando que el pelicenizo volteaba con una sonrisa juguetona dirigida a mí.

Apenas los demás lograron salir, Wakatoshi se colocó en la línea para hacer su primer saque. No sabía que esa piel de gallina, la sonrisa emocionada en mis labios y los latidos de mi corazón pronto serían borrados para convertirse de un momento de emoción a uno de inquietud.

"LA APUESTA" (Haikyuu)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora