Mi amor podría matarte", le dijo con los ojos nublados por el temor.
Había visto un futuro que la desgarraba: Luward sacrificándose por ella, el mismo hombre que le había devuelto el significado a su eternidad. ¿Cómo aceptar el amor si ese amor lo destruiría?
Filia Deus, una existencia moldeada por siglos de deber y soledad, había descubierto algo precioso... y al mismo tiempo, aterrador. Porque amarlo significaba enfrentarse al dolor inevitable de perderlo. Y más aún, a la culpa de ser la razón por la que él podría desaparecer.
Pero Luward ya no temía al final.
Sin Filia, su mundo era un desierto sin sentido.
Había caminado entre ruinas, guerras y pérdidas. Había muerto más veces de las que un corazón puede resistir, y aún así… seguía de pie. No porque la vida lo obligara, sino porque ella lo sostenía.
Filia era su luz, su refugio, su única verdad.
"Por favor… ámame hasta la muerte", le susurró.
No era un pedido desesperado. Era una declaración:
Morir por ti no me asusta. Vivir sin ti… sí.
Entonces, Filia rompió su propia profecía. No escapó. No reprimió lo que sentía.
Lo abrazó. Lo besó.
Y lo eligió.
"Te amaré incluso después de la muerte. Soy tuya… ahora y para siempre."
Dos almas quebradas que eligieron amarse por encima del destino.
No porque no temieran el final.
Sino porque, para ellos, amar era más importante que sobrevivir.
¿
