Arleth.
La edificación con lujo desbordado me recibe como un punto silencioso de la opulencia, con sus ventanales de cristal que reflejan la ciudad y una fachada pulida que no admite imperfecciones. No es solo riqueza, es poder convertido en arquitectura, un recordatorio tangible de quién manda aquí.
Luisa Gold no necesitó el apellido Crown para edificar este imperio, aunque lo carga como anillo en la mano. La marca que lleva su nombre, Gold, no es una extensión de su marido, Aaron Crown, sino una creación pura de ella.
Es una obra maestra tejida con intuición brillante y un talento que Lisa hablaba de como capturar su atención, pero no tuve que investigar todo de ellos para tener un contrato millonario.
Aquí todo grita su estilo silencioso e impecable. Desde la textura de las paredes hasta el aroma selecto que se cuela en el vestíbulo. "Gold" no es solo lujo; es dominio femenino elevado a categoría de ley. Una advertencia elegante de que ella llegó a la cima por manos propias, y aunque su apellido sea compartido, el poder en este edificio es enteramente suyo.
__ La señora la atenderá enseguida, su manager llegó hace unos minutos y ya se encuentra con ella-, me dice la chica con traje impecable. -Sígame, por favor, señorita Ambrosetti.
Camino detrás de ella en silencio. Cada centímetro huele a exigencia, a expectativas altas, a contratos soñados para las personas que tienen mi misma profesión. Pero que yo tengo ahora.
Mis tacones resuenan mientras cruzamos un corredor que se abre a una sala con vista panorámica de Manhattan. El cielo está nublado, pero las nubes parecen ser una decoración más desde aquí.
Me acomodo el suéter, consciente de que no estoy aquí solo por una sesión fotográfica. Estoy aquí porque esta mujer vio algo útil en mí. Y Luisa Gold no escoge piezas al azar. Ella selecciona quién puede cargar con la imagen de su marca.
Y hoy... soy una de ellas.
La asistente se detiene frente a una puerta doble, oscura, sin señales ostentosas. Solo una placa mínima en dorado cepillado; L. Gold.
__ Espere aquí, por favor -dice con amabilidad antes de desaparecer por un lateral.
No pasan ni treinta segundos cuando una de las puertas se abre. No la empujan, se desliza.
__ Y llegó la estrella-, dice mi tío con una sonrisa enorme-. Luisa, te presento a Arleth Ambrosetti. Una reina entre reinas.
Luisa Gold se pone de pie, detrás de ella hay un ventanal que parece haber sido construido para convertirla en silueta divina cada vez que usa esa silla. Su traje sastre es negro mate, sin un solo pliegue, con una camisa color crema. Es un color que solo alguien como ella puede usar sin parecer pálida o apagada.
__Señorita Ambrosetti -dice acelerando mis latidos cuando se acerca.
__ Señora Gold -respondo, sin titubear, pese a saber quién es. Una leyenda en la moda.
__ Es un momento que quería compartir con mi nieta y mi sobrina, pero una de ellas...no se encuentra disponible y la otra no quiere estar en algo como esto cuando puede estar allá-, su tono de voz baja, como si se refiriera a algo que no quiere decir en voz alta-. Pero sé que odiarían que lo cancele, así que podemos continuar.
Me ofrece la mano, una palma perfectamente cuidada, cálida, con uñas pintadas de un tono vino tan oscuro que es casi negro.
-Antes de que trabajes conmigo, quiero verte con los ojos -continúa-. No desde una fotografía, no desde una recomendación. Quiero sentir lo que das cuando nadie está mirando. Porque eso es lo que vendemos, Arleth. El poder disfrazado de piel.
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Wildness
Любовные романыUn error, dos días, tres caprichos. Una equivocación lleva a Gavrel con alguien diferente a lo que pensó. Sin preguntas, sin nombres, ni vida además de la que coinciden esos dos días, en los cuales el desenfreno es el único protagonista de sus deseo...
