Las voces no son mi reflejo, son el reflejo de otros haciendo eco en mi mente. Reglas no escritas quemadas en mi cuerpo como si fuera inmoral olvidarlas alguna vez.

Tallo y froto mi cuerpo, mi piel; pero nada quita la mancha, la cicatriz, el inscrito de su presencia marcada sobre mi.

¿Alguna vez se irán estos deseos y está furia o solo serán intensificados como las voces que aclaman tras palabras trasgiversadas que soy tan inocente del acto como una esposa es inocente de no aceptar dormir con su esposo?

Las voces se dividen entre las suyas y las mías, entre la culpa no merecida y mi razón.

Quemalos a todos aclaman las cuerdas, Quemate a ti suplican las voces bañadas en una culpa no merecida.

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