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El olor a café recién hecho llenaba la cocina cuando Lucy bajó las escaleras, aún atándose el cabello. Sirius ya estaba sentado a la mesa, despatarrado como si la silla fuera un trono que hubiese conquistado por la fuerza. Llevaba una de las batas viejas de Noah, una azul marino llena de estrellas doradas que parecían moverse por su cuenta, y el pelo revuelto en todas las direcciones posibles.
—Pensé que no bajabas nunca —gruñó sin levantar la vista de su taza—. Creí que Noah tendría que ir a arrastrarte.
—Lo hubiera hecho —dijo Noah desde la encimera, donde terminaba de preparar tostadas—. Con mucho gusto.
—Intentadlo —replicó Lucy, sentándose—. Os convertiría en kneazles.
—¿Otra vez? —preguntó Sirius, arqueando una ceja—. Noah no sobrevivió a la última vez.
Noah dejó el plato de tostadas en la mesa con una mirada ofendida.
—Fue un accidente mágico. Estaba aprendiendo. Y mi cola era adorable, gracias.
Lucy sonrió, pero la sonrisa era frágil. Aquel día era la tercera prueba del Torneo de Los Cuatro Magos. Podía sentir los nervios como una cuerda demasiado tensa alrededor del pecho. Pero Noah, que siempre parecía leer sus estados de ánimo como si fueran letreros luminosos, se sentó frente a ella y le dio un golpecito suave con el pie por debajo de la mesa.
—Hoy va a ir bien —murmuró, mientras le dedicaba una sonrisa.
Lucy asintió, aunque no lo creyera del todo. Fue entonces cuando un sonido inconfundible retumbó contra la ventana, un picoteo impaciente. La lechuza de El Profeta.
—Ah, genial —bufó Sirius—. A ver con qué basura nos intentan intoxicar hoy.
Noah abrió la ventana y dejó entrar al ave, que soltó el periódico doblado sobre la mesa antes de irse sin esperar ni siquiera recompensa, hacía tiempo que Noah se había subscrito al periódico, por lo que no era necesariao darle un knut a la lechuza. Como si tuviera prisa por no verse asociada con el contenido, Lucy lo desenrolló y la sangre se le heló. En la portada, a todo lo ancho, el titular gritaba:
HARRY POTTER, "TRASTORNADO Y PELIGROSO"
—¿Qué...? —susurró.
Sirius le arrebató el periódico antes de que ella pudiera procesar más. Sus ojos recorrieron el texto como si los estuviera quemando con la mirada.
—Rita Skeeter —escupió Sirius, su voz cargada de veneno—. Esta mujer es una plaga.
—Déjame ver —pidió Noah.
Lucy ya lo había leído por encima, lo suficiente para sentir que el suelo se le movía bajo los pies. Harry, su pequeño sobrino. Esa rata llamándolo inestable, acusándolo de fingir dolor. De hablar pársel como si fuera un acto criminal y también de estar aliado con gigantes. En resumen lo describía como un gran riesgo para el Torneo.